Aquellos Chinos

Reportaje - 08.02.2015
Aquellos Chinos

Por tierra o surcando el océano, los inmigrantes chinos llegaron al Caribe a finales de 1800. Esta es su historia y la de su descendencia. La historia de los chinos que llegaron para quedarse

Por Tammy Zoad Mendoza M.

No recuerda la fecha exacta, pero fue allá por la década de los 50. Se había rebautizado como “Francisco” y conservó su apellido Quant. Tenía 20 años y viajó en barco desde China para llegar a Panamá donde estaba su padre. “Mi padre llegó a Panamá para cavar el canal. Miles de chinos llegaron a trabajar al canal, pero después buscaron otras tierras para negocios”, relata Quant. Una vez reunidos, padre e hijo subieron por la Costa Atlántica hasta llegar a Bluefields, ciudad en la que recalaron después de un viaje de más de 15 mil kilómetros para encontrar el hogar que buscaba.

Pero otros compatriotas de Quant llegaron mucho antes, en 1884, coinciden diferentes libros e historiadores. Hubo quienes en la ruta hacia el norte, se quedaron en el Caribe al encontrar acogida y oportunidad de trabajo. Otros viajaron en sentido contrario, provenientes del norte, de California, donde habían llegado contagiados por la fiebre del oro o contratados como mano de obra barata para proyectos ferroviarios.

“Hubo algunos que llegaron ilegales, embarcados, metidos en barriles. Antes que los agarraran las autoridades, en los barcos los tiraban al agua para que se ahogaran”, cuenta “Chico” Quant, chino de 85 años, quien 65 años más tarde sigue en la misma esquina de Bluefields. La esquina a la que ahora todos conocen por su nombre. Así como él muchos chinos conquistaron su lugar en la Costa Atlántica, aquí se convirtieron en un grupo fuerte, productivo, próspero que poco a poco fue regando por el país sus rasgos y costumbres. Una comunidad china nicaragüense de tres mil miembros, según su asociación, y más de 70 familias solo en Bluefields.

Del siglo XIX al siglo XXI la comunidad china y su descendencia tiene una larga historia por contar. Desde los relatos de los polizones, hasta los negocios prósperos que han construido en el país, pasando por las anécdotas de familias que desde la cocina conservan el toque de una cultura milenaria de la que se sienten parte. En un recorrido por Bluefields y su historia, Magazine hizo una parada en los rincones chinos que conquistaron aquellos inmigrantes y sus familias.

 La fiesta más grande era el 1 de octubre, día de la República Popular de China.
El Club Chino fue fundado por los primeros chinos en Bluefields, aquí se reunían para sus celebraciones. La fiesta más grande era el 1 de octubre, día de la República Popular de China. Francisco Quant es el primero a la derecha.

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Barrio Nueva York, Bluefields. 50 años atrás. Las dos puertas de madera se cierran y el hombre flaco avanza con parsimonia al comedor. La mesa está vacía, pero ninguno de los siete niños se sienta. Todos le hacen una reverencia. El hombee toma asiento. La mujer, de cara redonda, nariz chata y ojos rasgados, termina de colocar la comida en la mesa. Ahora todos pueden sentarse.

En la cabecera, el señor canoso y delgado empieza la repartición. Sopas con hojas. Ensaladas. Carnes con vegetales. Arroz blanco. Té caliente al final. El hombre se levanta de la mesa, y con la misma parsimonia desanda el camino por donde llegó. Todos aguardan hasta que la pequeña figura, sus pelos chirizos y canosos, y su olor se desvanecen en el pasillo. Las puertas se abren de nuevo de par en par. La tienda de “El chino Adán” está abierta otra vez.

Leyla Chow Chang estuvo en esa mesa. Tomó de esas sopas, aprendió varias recetas de carnes y hasta le enseñó a sus hijas a cocinar ese arroz blanquísimo e insípido. Ella es la hija mayor de don Adán Chow Pong y Cándida Chang Martínez.

 

 

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