“Berthita” la enfermera

Perfil, Reportaje - 11.12.2017
Bertha Calderón Roque

Esta es la historia de la mujer que le dio su nombre a un hospital. Le gustaba leer, horneaba pasteles y, hasta el 18 de junio de 1979, atendía guerrilleros heridos en una clínica clandestina de Managua. Ella era Bertha Calderón Roque

Por Tammy Zoad Mendoza M.

De lejos se divisaba al mujerón en su traje blanco, coronada con una cofia sujeta a la moña ajustada que completaba el uniforme diario. Quien la veía creía que la morena robusta, alta, de cabello negro y ondulado era una roca. Ojos pequeños como dos almendras, boca estrecha y al centro de su cara redonda, una nariz aún más redondeada. Era la mirada penetrante enmarcada en dos cejas que caían como flechas señalando su ceño, lo que le daba ese aspecto de severidad y le confería hasta un aire de altivez.

Bertha era seria, reservada y sencilla, pero una vez en el hospital se dejaba ver como una mujer cariñosa. Era la grandulona que chineaba a sus pacientes para cambiarlos de camilla o llevarlos al baño, la que les sobaba la cabeza y los contemplaba por las noches.

“‘Claro que sí mi amorcito, no mi niña, venga para acá mi muchachita’, así les hablaba la Berthita a sus pacientes, era una mujer cariñosita en su trabajo, por eso todo el mundo la quería”, dice Sonia Gutiérrez Roque, prima hermana de Bertha.

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Bertha entró al viejo Hospital General El Retiro por la cocina. En 1963 llegó como asistente al departamento de alimentación junto con su prima Sonia Gutiérrez y ese mismo año se anotaron en la Escuela de Enfermería. Veinte años después un nuevo hospital llevaría su nombre, el hospital de la mujer Bertha Calderón Roque en Managua, donde según la actual Ministra de Salud, Sonia de Castro, se atienden más de cuarenta mil consultas anuales.

En el lugar hay una placa con su nombre en la rotonda frente a la entrada general, en la pared externa un retrato suyo que borran y vuelven a pintar cada vez que su rostro palidece a la intemperie y en el pasillo principal un mural que parece sacado de escuela primaria donde acompañan su foto con una semblanza de su vida y muerte, hay flores de cartón alrededor. ¿Quién era y qué hizo Bertha para que rebautizaran un hospital con su nombre?

Bertha Calderón Roque era la enfermera reservada que dedicaba sus horas libres a participar en la organización de huelgas por la mejoría de las condiciones de trabajo en el sistema de salud, que atendía en su casa a guerrilleros sandinistas heridos y horneaba pasteles para sus sobrinos postizos. Era la “Berthita”, hasta la tarde del 18 de junio de 1979 cuando un Jeep, con agentes de la Guardia Nacional, irrumpieron en su casa y se la llevaron junto con dos colegas mientras atendían a un guerrillero herido. La desaparecieron. Casi cuarenta años más tarde lo que queda de su familia aún la recuerda y la llora. Para ellos no era solo la enfermera, fue también la mujer que hacía visitas sorpresas, la que era buena escuchando y aún mejor atendiendo a sus pacientes en el hospital, al que le dedicó la mitad de su vida.

Después que murió la gente decía que la veían trabajando en el hospital, porque ella era incansable. Si tenía pacientes graves o si había que doblar turnos se ofrecía. Su vida fue servir y por eso se la llevaron, por eso mataron a la Berthita, pero ella no le hacía daño a nadie”, dice Gutiérrez Roque, de 70 años, enfermera jubilada.

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Sonia María Gutiérrez Roque, prima hermana de Bertha. “Era una mujer muy educada, cariñosita con sus pacientes, una excelente enfermera”, la recuerda. Foto Oscar Navarrete.
Sonia María Gutiérrez Roque, prima hermana de Bertha. “Era una mujer muy educada, cariñosita con sus pacientes, una excelente enfermera”, la recuerda. Foto Oscar Navarrete.

 

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