Bromas en el campus

Reportaje - 31.12.2006
Carlos-Tünnermann

Magistrados, escritores, procuradores, políticos y filósofos pasaron por las aulas frente a Carlos
Tünnermann, un rectísimo catedrático que padeció por décadas las malévolas e hilarantes bromas y
protestas de varias generaciones de estudiantes que en el tiempo se convirtieron, para bien o para mal, en referencias de este país

José Adán Silva
Fotos de Julio Molina
Repdroducción de Moisés Matute
Cortesía de Carlos Tünnerman y Sergio Ramírez

Hay escenas de ayer que uno las imagina hoy y no encajan en la credibilidad de nuestros ojos ni en la construcción mental que tenemos de sus personajes. No veo, pues, a un flaco y rapado Sergio Ramírez Mercado, declamando poesías de Rubén Darío con gesticulaciones de mártir, mientras de fondo se oyen las melodramáticas notas de un piano desafinado que ejecuta un solemne Alejandro Serrano Caldera.

Otras imágenes si pueden ser recreadas en el imaginario mental y entonces uno se va al pasado
para encontrarse con un Tomás Borge Martínez pegando brincos para escupir una placa de Anastasio
Somoza García, o con un revoltoso Omar Cabezas desvelando a los rectores con su protesta musicalizada de toda la noche con altoparlantes.

Lo que no deja de sorprender, y que entonces cuesta más imaginarlo, es ver al siempre elocuente y bien ponderado catedrático Carlos Tünnermann Bemheim, visitando las cantinas de León que solían frecuentar los estudiantes para armar pachangas que traspasaban las sombras de la noche.

Pero ahí estuvo él, Carlos Tünnermann Bemheim, y muchos años después, con la misma parsimonia con que se le identifica desde hace décadas, cuenta de las bromas y protestas estudiantiles que por aquellos años le causaron dolor de cabeza, pero que ahora, con el ácido de los chiles convertidos en miel de melancolía, le causan sólo risas de nostalgia.

 

Sección
Reportaje