Camilo Zapata, el clarinero mayor

Perfil, Reportaje - 27.09.2017
Camilo-Zapata

Dicen que en sus tiempos mozos era capaz de ver una fiesta de patio y componer en menos de una hora una canción sobre ello; que cada mañana se despertaba con el clarín de los pájaros del monte y en vez de dar los buenos días tarareaba una canción compuesta mientras soñaba.
Dicen que todo eso y más fue Camilo Zapata cuando recorría los caminos de pueblo con su guitarra a espaldas y la sonrisa a flor de piel, allá lejos, cuando también tenía memoria

Por José Adán Silva

No hay mucho en él que me ilustre la gloria con que se ha escrito tantas veces su historia. Ni siquiera hay recuerdos en esta su memoria que me indiquen que este señor moreno, bajito, flaco y de mirada nostálgica, es considerado el padre de la música típica nicaragüense.

Queda un poco de su magia cuando en un doloroso e inesperado giro a la coherencia de las ideas, deja de hablar de sus estudios de topografia para pedir la guitarra y con dificultosa agilidad para sus 89 años, arrancar unas notas alegres a las cuerdas del instrumento y tararear unas cuantas frases de una canción cuya letra —no se sabe por qué—, le arranca suspiros de nostalgia.

“Asidos de la mano y con la cara al sol/ nos fuimos compartiendo placeres y dolor/ pero al llegar la tarde trajo el hastío/ y sueltos de la mano se escapó el amor…”

Las palabras se extravían en su memoria y deja de lado la guitarra mientras con la vista clavada en el aire, rumbo al techo, acepta con humilde resignación su enfermedad: “Todo se me olvida ahora, pero más tarde que me acuerde se la canto”.

Hace muchos años que Camilo Zapata no canta, dice su nuera Marina Celina Enríquez de Zapata, esposa de Rodolfo Zapata, hijo del compositor nicaragüense que ahora mismo, flaco pero correctamente vestido con la camisa mangas largas por dentro del pantalón y los botones abrochados hasta el cuello, observa con curiosidad el golpe que una de sus guitarras recibió en un costado.

 

Sección
Perfil, Reportaje