Caminata con olor a azufre

Reportaje - 10.09.2006
Cerro-Negro

Escalar cerros sudando la gota gorda, bajar por laderas sinuosas y todavía tener ánimo para subir al borde de los cráteres de varios volcanes del occidente de Nicaragua, además de ser una loca y extenuante idea, se convirtió en un reto para más de seiscientos noveles expedicionarios y una oportunidad para conocer los más bellos rincones de la cordillera volcánica más activa y grande de Centroamérica: la cordillera de los Maribios.
Un redactor de Magazine se unió a la agotadora jornada y nos cuenta la experiencia

Orlando Valenzuela
Fotos de Orlando Valenzuela

Cuando llegué a la Catedral de León, a las cinco de la madrugada (hora de la “Nueva Era”), más de seiscientos estudiantes universitarios, de secundaria, adolescentes y adultos de ambos sexos, junto a decenas de turistas nacionales y extranjeros, abarrotaban las esquinas, bancas y aceras del Parque Central en espera de subir a los camiones de volquete que la Alcaldía dispuso para trasladarlos al punto de partida de la Séptima Caminata Ecológica por la cordillera de los Maribios.

La algarabía estalló cuando sonaron los pitos de los camiones de la comuna y varios buses que aportó la UNAN-León. Cientos de jóvenes y muchachas de todos los estratos sociales se abalanzaron sobre los vehículos y en un santiamén ya estaban arriba de los volquetes, en un solo jolgorio, gritando en medio de la pitadera de los vehículos. A todos les anima el espíritu de aventura y quizás para muchos estos serán momentos inolvidables en su vida, sin embargo, las caras de entusiasmo que llevan ahora quizás sean diferentes cuando regresen cansados, deshidratados y tostada la piel por el occidental sol leonés y los gases sulfúricos de sus volcanes.

Pero esta es una nueva generación de jóvenes ávidos de acción, de tareas, que quiere disfrutar su juventud haciendo cosas positivas. Al verlos, me convenzo de que los jóvenes, en todas las épocas siempre son así, alegres, impulsivos y efusivos, amantes de las nobles causas y sobre todo, retadores de desafíos.

La mayoría de la gente va preparada para la caminata, con su pantalón jeans, camisa mangas largas, botas de cuero, sombrero o gorra, anteojos de sol, cantimplora con agua y su respectiva mochila a tuto, en la que llevan casi de todo, desde bolsas para dormir en el campo, hamacas, morralitos de tortillas y queso, ungüento para los pies, pastillas para el dolor de cabeza, la chistata, caramelos, galletas, botellas de agua destilada, latas de sardina y todo lo que pueda engañar el estómago. Pero también llegaron algunas muchachas en sandalias, de tacón alto, de falda, camisetas escotadas y hasta en chinelas de gancho. Luego se arrepentirían de su descuido.

 

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