Campeones echados a perder

Reportaje - 09.10.2017
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Cuerpo, habilidades y talento les sobraban. Estas son historias de peloteros, boxeadores y basquetbolistas que tenían de todo para triunfar pero por alguna razón se quedaron en el camino

Por Julián Navarrete

El boxeador afroamericano choca sus guantes. Con el repicar de la campana sale furioso en busca de su presa. En el centro del cuadrilátero camina de puntillas, bailoteando sobre el ring. Mueve la cintura y amaga con lanzar. Se acerca rápido, asesta un volado de zurda, su mejor arma, la misma que lo llevará a ganar tres títulos mundiales.

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Esta noche de agosto de 1984 quiere derribar al moreno, alto y fornido, de guardia derecha, que tira puñetazos rápidos y certeros, su primer rival de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. No sabe que más de treinta años después, su adversario, el nicaragüense Adolfo Méndez, seguirá contando cómo terminó esta batalla.

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Ya han pasado más de minuto y medio del primer round. Méndez le ha tirado una ráfaga de golpes a la zona abdominal. El zurdo está un poco tenso, no ha calentado. Es de los boxeadores que sacan su brío en el intercambio, como en la pelea que empatará nueve años después contra el mexicano Julio César Chávez, que en aquel momento llevará 87 peleas invictas.

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De pronto, como un rayo que acomoda el destino, conecta una mano izquierda a la oreja del nicaragüense, que le aguadan las piernas. Méndez cae por unos segundos, con las manos hacia atrás. Se levanta rápido y sacude la cabeza mientras sigue el conteo de protección. Trata de acomodarse el protector bucal, pero no puede. El réferi le ayuda, se lo ajusta.

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Menos de diez segundos después la pelea se reanuda. Instantes en los que mira de un tirón su película: la pobreza que vivió con su madre, las horas de entrenamiento, los años en el torno de carpintería, la muerte de su hija y la ilusión con la revolución sandinista.

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Falta menos de un minuto para que termine el primer round. El zurdo se lanza como un tigre que olió sangre. Quiere rematar. Va a rematar. Baña con una ola de volados al nicaragüense, que los recibe con las manos arriba, como los golpes que años después le dará la vida, cuando se arrepienta de no haber saltado al boxeo profesional y no encuentre empleo, caiga preso, pierda a su esposa, pierda su hogar.

En los pocos minutos de ese round, Adolfo Méndez encarnó a los deportistas nicaragüenses que estuvieron al filo de la gloria y no lo consiguieron. A los que tenían todo para triunfar: cuerpo, condiciones, talento y habilidades. A los que se midieron con las leyendas antes de que lo fueran, como su rival de aquel momento, Pernell Whitaker, uno de los mejores boxeadores de la historia.

Antes de que finalice el asalto, recordaremos al mito del basquetbol que pudo haber sido uno de los mejores del país, al boxeador que estuvo a punto de ganar una corona mundial y a uno de los mejores prospectos nicaragüenses del cual se sigue hablando cuando se pisa un parque de pelota.

—¡Fuera seconds, fuera seconds!

En 1984 Adolfo Méndez enfrentó a Pernell Whitaker, uno de los mejores boxeadores de la historia, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984.
Foto: Archivo.

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