Ceshia Ubau: alborada de una trovadora

Perfil, Reportaje - 15.01.2018
277-Mag-Ceshia (6)

Ceshia Ubau está entre los mejores de Iberoamérica. A pocos meses del lanzamiento de su disco, se está convirtiendo
en la nueva promesa musical del país

Por Julián Navarrete

En su cuarto Ceshia Ubau rasga la guitarra. Su voz da una sensación de intimidad y a la vez un aire sonoro que le recuerda la noche del 18 de mayo de 2017, cuando presentó su primer disco en la Sala Experimental Pilar Aguirre del Teatro Nacional Rubén Darío.

Aquella noche, a media luz, en el centro del escenario, la muchacha de 20 años de edad contó historias con música: un niño que vende melcochas, las heridas de una guerra, el abandono de una mujer, un amor que no fue…

La semioscuridad de su cuarto es lo único similar al plató, apenas alumbrado que la abrigó en su inicio. Porque a diferencia de la soledad que acostumbra, hubo gente que la escuchó, en silencio, atenta. Tras interpretar una bossa nova romántica, la cantante soltó el micrófono. El público, de pie, aplaudió.

En la primera semana de diciembre, el disco Con los ojos del alma, de 15 canciones, once composiciones suyas, un poema musicalizado de Rubén Darío, entre otros autores nicaragüenses, fue valorado por el medio argentino Zambombazo, como uno de los mejores de Iberoamérica.

“Canciones sinceras, acústicas y tiernas que abordan temas sociales y personales a través de varios ritmos como el son nica, la trova y la bossa nova”, refirió la crítica.

Tras el telón siempre está Juan Solórzano, productor musical de Ubau desde hace dos años. Fue quien la descubrió cuando apenas tenía 17 años y era una estudiante de primer año de la carrera de Psicología en la Universidad Centroamericana.

Solórzano le clavó la vista: una morena, pelo colocho, de sonrisa a flor de labio. Miró que tenía las uñas cortas, pero no por mordérselas sino de tanto rasgar la guitarra.

—Vos, ¿sabés cantar? —le preguntó Solórzano.

Ceshia había llegado acompañando a dos muchachas que iban a pasar una prueba para entrar en el grupo de cultura de la UCA, que en ese entonces dirigía Solórzano.

—Claro que puedo —le respondió Ubau, quien cogió una guitarra y tocó Brazos de Sol, del trovador mexicano Alejandro Filio.

Solórzano de inmediato hizo “clic”. “Desde que la miré, le vi la cara de poeta. Me llamó la atención. Uno con el tiempo puede sentir el talento y eso fue lo que me pasó”, dice.

Después que terminó Ceshia de cantar, Solórzano le dijo que la quería producir como solista.
—¿Escribís? —le preguntó.

Ubau le entregó un cuaderno en el que llevaba escrito unos cien poemas.

—Tenés que escribir canciones —le dijo Solórzano, y la retó: —Escribí una sobre la libertad de expresión.

Dos días después, Ceshia tenía la canción:

Quiero que sientas/ que vivo / soy carne / sentido / soy tierra, soy mar / llanto /coraje/ camino / enciendo el canto / mi arma letal…

 

Sección
Perfil, Reportaje