Chica ajedrez

Reportaje - 13.12.2015
Maria Esther Granados. Jugadora de ajedrez. Foto Uriel Molina/LA PRENSA

Aprendió a jugar ajedrez antes que leer. Entrenaba cinco horas al día y se convirtió en maestra internacional a los 18 años. El tablero “es mi vida”,dice María Esther Granados

Por Julián Navarrete

Los ojos se clavan sobre el tablero. Inmóviles, casi sin pestañear. El reloj de mesa indica que ya van tres, cuatro o hasta diez minutos. En ese momento levanta su mano izquierda y mueve las fichas. Luego apunta. Apunta cuando la rival responde la jugada. La escena es una clon de la otra. María Esther Granados, la chica de los ojos inmóviles, lo hace desde que tenía 4 años, día y noche, sin parar.

El rostro de María Esther es dulce. Es una muchacha de 20 años, con facciones de niña, una que pareciera tímida pero habla con tino, como arquero de olimpiadas. Como si sus movidas en el tablero las convirtiera en oraciones enunciativas: “Mi vida es el ajedrez”.

María Esther se convirtió en Maestra Internacional de ajedrez a los 18 años de edad. La primera en Nicaragua. En la región centroamericana tampoco hay tantas: se cuentan como máximo diez. En ese momento solo había ganado un Codicader a los 5 años, pero no era candidata a Maestra ni Maestra Nacional ni Fide (Federación Internacional de Ajedrez) ni regional.

Inicios de mayo 2014. Unas cien señoritas se dieron cita en el torneo Subzonal Absoluto 2.3.2, un campeonato centroamericano en el que pueden confluir jugadores expertos con principiantes. Un torneo donde se miden fuerzas y a los ganadores se les otorga un título, al cual aspiran: Nacional, Fide, Internacional, Gran Maestro.

 

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