Clemencia López: Superanciana de Puertas Azules

Perfil, Reportaje - 15.05.2017
Clemencia Lopez

Clemencia López tiene 112 años. Durante toda su vida fue partera de una comunidad remota. Vive sola, trabaja para poder comer y posiblemente es la mujer más vieja de Nicaragua

Por Julián Navarrete

La anciana se sostiene bajo las vigas de madera que forman el arco de su puerta. Encorvada mira y escucha los maullidos del gato atado a una piedra afuera de su casa. Clemencia López Dormuz observa sus pequeños colmillos llenos de baba y cómo se retuerce en el polvo. En ese momento debe pensar que el pobre animal es el único compañero que le ha quedado en los más de 112 años que ha vivido.

La cédula de identidad de Clemencia López Dormuz indica que vino al mundo en 1904, en la comunidad de Puertas Azules, a menos de 30 kilómetros de la ciudad de Estelí, en el norte de Nicaragua. Para llegar hay que subir una carretera empinada de piedras y arcilla que en los primeros cinco kilómetros muestra cedros y ceibos secos a los costados; y a medida que se acerca se ve un paisaje antagónico, bordeado de tinte verde y árboles gigantescos, con bullicio de pájaros que parecen dar la bienvenida a los primeros vientos del invierno.

Después de ver al gato, Clemencia camina arrastrando sus pies en busca de un banco de madera donde le da el último acabado a un canasto que tendrá listo esta tarde. Ora dobla el carrizo, ora amarra y aplana el enrejado, con las uñas terregosas y los dedos desgarrados. Todos los días la anciana de más de un siglo de edad elabora canastos que vende para poder comer. En estas tierras del olvido solo se escapa de trabajar cuando se muere.

“Dicen que el trabajo mata… mentira lo que matan son los malos hábitos, las malas codicias son (los que matan). El trabajo no mata a nadie”, dice Clemencia, cortando el carrizo con una cuchilla.

A las personas como Clemencia que cumplieron más de 110 años de edad se les conoce como supercentenario o superlongevos. Se estima que en el mundo hay entre 350 o 400 personas vivas con esa edad, aunque solo se ha podido verificar a 55. Se calcula que uno de cada mil que cumple 100 años de edad llega a los 110 y de ellos solo el dos por ciento vive cinco años más.

Clemencia es delgada, pequeña y encorvada. Una verruga resalta en su cara tostada por el sol. Habla pausado, pero directo. A cada momento dice: “¿Ah?” y “¿cómo?”, cuando no escucha o no entiende una pregunta. Reconoce los sonidos, pero le cuesta observar de lejos. Tiene un bastón que casi no utiliza y tampoco se pone lentes de aumento. Tal vez por esa razón empeoraron los mareos que sintió hace menos de un mes, cuando estuvo postrada en una cama y todos en la comunidad pensaban que había llegado la muerte.

“Pero me levanté, y aquí estoy viva todavía, ahí voy aguantando”, dice Clemencia.

La anciana ha dicho que tuvo 14 hijos y que varios de ellos ya están muertos. Familiares afirman que solo le quedan dos hijos vivos. Foto:Óscar Navarrete

 

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