Con Bach en el trópico

Reportaje - 03.06.2007
La-Camerata-Bach

¿A quién se le ocurre tocar música barroca en el trópico de salsas, merengues y reggaetones? A la Camerata Bach. Esta orquesta ha demostrado que también es sabroso escuchar piezas clásicas bebiendo limonada bajo un palo de mango

Luis E. Duarte
Fotos de Orlando Valenzuela

El tono dulce de la flauta, la compañía sosegada del clarinete con el tono sereno del oboe, disipan el cuchicheo de la sala y la expectativa del público. La guitarra ausente por ahora es sustituida por el chelo y la viola.

Aunque en el fondo del escenario esté pintado el reloj de Diriamba para recordar a los viejos promesantes que conservaron hasta hoy la legendaria obra colonial El Güegüense, esos violines que se escuchan en el teatro tienen una armonía diferente a los del pueblo.

Con el primer compás y el sonido del tambor aparecen saltando los machos con sus máscaras de caballo, mientras los españoles y mestizos bailan con la música que se expande por toda la sala, de pronto el público le agrega aplausos a esa armonía de cuatro siglos, nunca antes escuchada de esa manera, como los clásicos.

¿Cómo dice? ¿Cameravaca, Camereta BAC, Cámara Basch? Eso es lo de menos, los músicos están acostumbrados después de quince años a los cambios de nombre, al igual que a escenarios tan contradictorios como el Teatro Nacional o la Cárcel Modelo de Tipitapa.

Dan rienda suelta a la música de El Güegüense para celebrar su aniversario entre lo clásico y folclórico. La quinceañera no viste de rosa, sino de traje negro. Están de fiesta, consigo llevan quince discos, seis festivales regionales y tres internacionales, 30 mil estudiantes en talleres educativos de música, tres mil artistas internacionales invitados y el reconocimiento de toda institución y persona que tenga que ver con la cultura en Nicaragua.

 

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