Corazón de atleta

Perfil, Reportaje - 25.03.2007
Cristian-Villavicencio

Un día decidió correr. Corrió como loco la gente se burlaba de él. Sin embargo, comenzaron a alentarlo cuando lo vieron ganar competencias y así, el muchacho nacido en un barrio pobre de San Marcos, se volvió maratonista y se ha colocado entre los grandes.

Dora Luz Romero Mejía
Fotos de Carlos Malespín

Cuatro de marzo del 2006. XXII Maratón de Los Ángeles, considerado uno de los mejores a nivel mundial. Todo su cuerpo sudaba. Llevaba puesta una camisola y un short con los colores de la bandera nicaragüense.

Cristian Villavicencio, de 34 años, debía correr 26.2 millas (42 kilómetros) y mientras lo hacía pensaba en los rostros de los fanáticos, quienes lo esperaban con júbilo. Religioso, como él mismo se describe, antes de la carrera se arrodilló pidiendo a Dios que le fuera bien.

Cuando iba por la milla 20, divisó a un par de metros a Johnny Loria, un costarricense con el que nunca había competido en maratón, sino únicamente en carreras cortas. En todas las competencias, el costarricense le había ganado. “Lo divisé y pensé: ¡Voy por él!”, recuerda. Corrió y cuando iba a la par suya le dio un saludo de ánimo: “¡Vamos Johnny. Echale ganas!” Pasaron unos minutos y Loria había quedado atrás. Luego el nicaragüense superó a tres atletas más, cuando de repente escuchó gritos de un público lleno de euforia que decía: “¡Oye! El primer latino”. Esa frase lo motivó, siguió con un ritmo más rápido y en su mente solo había cabida para un pensamiento: “Voy para adelante”.

Con las manos en alto, en señal de victoria y con un corazón lleno de satisfacción había llegado a la meta. El público latino le aplaudió sin cesar, el resto de competidores le decían “¡Good job!” Su cuerpo, según dice, aguantaba para otro maratón.

Villavicencio había entrado en séptimo lugar del maratón en el que participaron más de 25 mil personas. Fue el primer latino en llegar a la meta con un tiempo de 2:28.16. No había duda, era hora de dar entrevistas a los medios, firmar autógrafos y tomarse fotografías con la fanaticada.

 

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