Días de radio

Reportaje - 17.12.2006
Días-de-Radio

La radio vivió su época de oro en Nicaragua entre los años sesenta y setenta. Eran tiempos aquellos en que los artistas y locutores de radio eran tan famosos y asediados como cualquier actor de Hollywood. Por las noches, era común que la familia se reuniera frente a un cajoncito de madera parlante, por lo general ubicado en un lugar privilegiado de la sala, para escuchar los capítulos de la radionovela

Alma Meléndez
Fotos de Uriel Molina

La primera vez que el profesor Julio César Sandoval conoció la magia de la radio fue en la casa del doctor Montano, un granadino que había estudiado Medicina en México y que a su regreso trajo el extraño aparato. Todas las tardes, el doctor lo encendía y los vecinos se juntaban para escuchar la emisora mexicana que sintonizaba. Eran los años treinta y tiempo después el mismo Sandoval sería una
de las voces que emanaban de aquella caja mágica.

Antes de incursionar en el medio radial granadino, Sandoval vivió en El Salvador, donde los padres
salesianos lo preparaban para el sacerdocio. Ese era el sueño de su madre, tener un hijo santo. Sin embargo, esa no era su vocación y optó por regresar al país y explicárselo a su madre, quien supo entender y lo mandó a buscar trabajo. “Yo no sabía hacer nada, en el internado salesiano sonaba la campana y yo iba a dar clases, sonaba la campana y me iba a estudiar, sonaba la campana y me iba a comer. No sabía que había que trabajar para comer”.

Como enseñar siempre le había gustado, entró a trabajar en un colegio para niños ricos, en Granada. Un
día, por sugerencia de un hermano, se unió al grupo de locutores aficionados de La Voz del Mombacho.
“Hacía radio al estilo cubano, que era un estilo más enfático y rimbombante, menos serio que el mejicano, que era más ceremonioso”, cuenta.

En Granada, hace sesenta años, había dos emisoras de radio, La Voz de la Sultana y La Voz del
Mombacho. La Voz del Mombacho era de un señor que reparando radios de cajón de madera incursionó en el mundo de los radioaficionados y con el tiempo improvisó su propia emisora de onda corta. En un principio, retransmitía únicamente programas de radios extranjeras, mexicanas, cubanas y colombianas, música y radionovelas principalmente. A1 mediodia captaba señales de una radio de Managua y así componía la programación. Transmitían tres horas por la mañana y tres horas por la noche.

 

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