El asesino del acordeón

Reportaje - 08.01.2017
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En una época de gran agitación política, surgió el sanguinario Anastasio Hernández, asesino privado de los caudillos conservadores de Nueva Segovia. A su paso dejó cabezas cortadas y cuerpos mutilados. Se le atribuyen más de 47 muertes

Por Amalia del Cid

El miedo llegó a Mozonte un martes por la madrugada, en el invierno de 1927. Apareció a eso de las 3:00 y recorrió el valle de Los Arados cortando a machetazos las cabezas de los hombres a quienes consideraba enemigos. Todas sus víctimas lo conocían, pues el miedo era un vecino nacido y criado en ese pequeño pueblo indígena segoviano. Un rostro de toda la vida: Anastasio Hernández.

Domingo Gómez fue el cuarto de los seis hombres asesinados por la banda de Anastasio en las primeras horas de ese 24 de mayo. Lo atraparon cuando salía de la cocina, poco después de las 5:00 de la mañana, quizá alertado por el escándalo de los tiros que la pandilla había disparado por encima del techo de su casa, antes de irrumpir en ella rompiendo todas las puertas.

Los otros cuatro hombres de la familia lograron escapar. A Domingo lo ataron con cuerdas y le metieron una bala en el abdomen. Luego lo arrastraron a unas cincuenta varas de la casa, donde Anastasio dio la orden de “volarle la cabeza”. Los hermanos Santiago y Terencio Gómez se encargaron de decapitarlo y enseguida el propio Anastasio destrozó el cadáver a machetazos, mientras sus hombres tocaban el acordeón y gritaban vivas a su líder, en una orgía de sangre a la vista de los parientes de la víctima.

 

 

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