El Cardón, la isla del poema

Reportaje - 13.11.2017
Isla El Cardon

No solo Rubén Darío estuvo en El Cardón. Piratas, leprosos, marines norteamericanos y guerrilleros sandinistas estuvieron también ahí. Esta es la historia de una isla que se desvanece en el olvido

Por Tammy Zoad Mendoza M.

Cuatro gallinas ponedoras, un gallo pinto, una perra blanca, José Chévez y Gerson Rojas, padre e hijo, de 59 y 32 respectivamente. Si se censara ahora mismo la isla El Cardón, frente a Corinto, Chinandega, además de sus dos habitantes humanos, su mascota y sus aves de crianza, harían falta en la lista animal culebras, cangrejos y cucarachas de mar. Los jejenes y mosquitos no se ven entre la maleza que se alza en invierno, pero ahí están en multitud, chupado sangre a todo el que va llegando. Dicen que hay cusucos, pero hace rato que no ven uno por aquí. Las aves que solo hacen parada o pernoctan por temporadas en los árboles podrían considerarse visitantes de paso.

Desde hace tres años José Chévez y su hijo viven en la isla cuidando el faro, una estructura de más de 15 metros, que sirve de guía para las embarcaciones que se dirigen al puerto de Corinto, considerado el principal puerto comercial del país y el segundo en importancia por arribo de cruceros turísticos. Pero casi nadie viene a El Cardón, dice Gerson Rojas.

“Una vez al mes o cada dos meses quizá viene gente de fuera en lancha, pero cuando se asoman ven todo pelado si es verano o el montarascal si es invierno, y ahí no más se regresan. Ni se bajan y se hacen las fotos desde la lancha, con el faro y Darío de fondo”, dice Rojas. El Rubén Darío del que habla es un gigante de bronce que está parado sobre una base de concreto, instalado en 2008 a un costado de la isla, frente al faro, como un homenaje al poeta nicaragüense y en alusión a la famosa anécdota de su estadía en la isla, en 1908, cuando se inspiraría para componer el poema A Margarita Debayle.

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Pero ni ese fue el único escrito de Darío inspirado o dedicado a El Cardón, ni él fue el único, aunque sí el más célebre, visitante y huésped de la isla.

“Dicen que aquí estuvieron los piratas, que fue cárcel, centro de torturas y que antes la gente venía a vacacionar en verano”, comenta Gerson quien en uno de los tantos ratos de ocio se dedicó a buscar en internet, desde su celular, cualquier información relacionada con El Cardón. En una hoja de cuaderno anotó fechas y acontecimientos, y eso se convirtió en una suerte de guión turístico que recita a los visitantes que se animan a bajar de las lanchas y subir cinco metros en escaleras para pisar la isla emplazada en una base de rocas negras.

“Aquí lo que más vienen buscando es la casa donde estuvo el Príncipe de las Letras Castellanas, Rubén Darío, donde escribió A Margarita Debayle mientras estaba hospedado en la casa de los Debayle”, repite Gerson las líneas que aprendió de memoria.
Pero la casa no era de los Debayle, desde su construcción en 1894 siempre fue propiedad del Estado, la isla nunca fue centro de tortura, o al menos no hay registro de ello, aunque de esas vacaciones sí hay quienes pueden dar fe. Varias generaciones de corinteños han pasado ahí al menos algún verano, han llegado a arrancar las cucarachas de mar que se incrustan en las rocas para luego preparar exóticos ceviches o por curiosidad han ido a ver de cerca al Rubén Darío gigantón que los ve desde la isla vestido de gala.

“El que no ha venido es porque no quiere, aunque no hay mucho que hacer aquí, nada diría yo, que llevo tres años en la isla. Si pusieran un parque o hubieran enramadas, con que vinieran a rozar el monte ya es algo para que se vea mejor y la gente se baje a tomarse fotos con el faro y con el poeta”, rezonga Gerson Rojas, quien a veces resiente la soledad en esta isla que va quedando en el abandono.

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Gerson Rojas, de 32 años, desde hace tres años acompaña a su padre José Chévez a cuidar el faro de la isla. Foto Oscar Navarrete.
Gerson Rojas, de 32 años, desde hace tres años acompaña a su padre José Chévez a cuidar el faro de la isla. Foto Oscar Navarrete.

 

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