El día que llovió fuego sobre San Juan

Reportaje - 05.11.2006
Puerto de San Juan del Norte

En 1854, una corbeta estadounidense barrió del mapa al poblado nicaragüense de San Juan del Norte, como represalia por un botellazo que recibiera un funcionario norteamericano.
La prensa estadounidense condenó la acción por considerarla “vil e indigna”

Orlando Valenzuela

A las nueve de aquella despejada mañana, George N. Hollins, capitán de la corbeta Cyane, de la marina de guerra de los Estados Unidos, envió una proclama a las autoridades del pequeño pueblo y puerto de San Juan del Norte, ubicado en la desembocadura del nicaragüense río San Juan, frente a las aguas del Mar Caribe, con un mensaje claro y tajante: si en 24 horas Nicaragua no entregaba 24,000 duros en reparación económica por un botellazo que había recibido durante un altercado su ministro Slon Bolrand, la ciudad sería bombardeada hasta su destrucción total.

Veinticuatro horas después, al no satisfacer las autoridades locales las demandas, Hollins solo esperó un minuto más y a las nueve y un minuto los cañones de la Cyane empezaron a vomitar fuego contra las 80 casas de madera del desventurado pueblo del fin del mundo hasta hacerlo desaparecer. Hacía un bonito sol aquel 12 de julio de 1854.

Este no es el guion de una película de Hollywood con escenografía ambientada en la segunda mitad del siglo XIX sobre piratas y corsarios incursionando en las costas de Nicaragua. Tampoco es una novela de ficción. Aunque parezca mentira, esto es exactamente lo que ocurrió en aquel remoto lugar de Nicaragua, cuando nuestra Costa Atlántica estaba aún bajo el “protectorado” de la corona inglesa y los Estados Unidos se empeñaban en cumplir su “Destino Manifiesto”.

Según crónicas de la época, todo se desencadenó el 15 de mayo de 1854, cuando un comerciante nicaragüense con su bote se encontró en una parte estrecha del río con el vapor Routh, que iba de Granada rumbo al pueblo de San Juan del Norte, conocido en ese entonces como Greytown. El capitán del Routh, un norteamericano de apellido Smith y el comerciante nica empezaron a discutir y en un momento llegaron a los insultos, a tal punto que Smith, con un fusil, mató de un certero disparo al comerciante.

 

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