El navegante ciego

Perfil, Reportaje - 08.03.2009
Henry Dekker

En Nicaragua vive Henry Dekker, un hombre que cruzó el Océano Pacífico solo en un barco.
La travesía duró 23 días y se convirtió en celebridad por una razón que lo diferencia de los otros marinos: es ciego

Dora Luz Romero
Fotos de Orlando Valenzuela y Orlando Miranda

Henry Dekker zarpó. En la bahía de San Francisco había cientos de personas para despedirlo. Le aplaudían, le daban ánimo y le tomaban fotografías. Era el 27 de julio de 1983 y este hombre ciego y en ese entonces cuarentón, quería probarle al mundo entero que las personas con discapacidad pueden hacer grandes cosas, sólo que “de una manera diferente”. “Si logro atravesar el Pacífico solo, haré que el mundo cambie su forma de pensar respecto a las personas ciegas y con cualquier otra discapacidad”, pensaba. Su destino era Honolulu, Hawai. Casi a 4 mil kilómetros de distancia.

Se despidió de sus amigos. Los medios de comunicación lo entrevistaron y fotografiaron. Mientras su barco avanzaba, poco a poco el bullicio desaparecía, los aplausos quedaban en la cada vez más lejana bahía de San Francisco. Dekker, lleno de orgullo y dispuesto a cumplir su meta, respiraba profunda y sonreía por si alguien le estaba viendo aún. Así lo recuerda él y también así lo cuentan las crónicas de la época.

Su barco avanzaba lentamente y cuando no escuchó más mido que el oleaje y se sintió solo en aquella inmensidad, dudó de lo que hacía y se preguntó: “¿Qué demonios estoy haciendo aquí?”. Pero aún así continuó.

Hank Dekker, a quien le dicen sólo Hank de cariño, es originario de Connecticut, Estados Unidos. Tiene 74 años, sólo habla inglés, es divorciado, tiene dos hijos y hace cuatro años que vive en Nicaragua en compañía de tres perros y un gato. Orgulloso abre las puertas de su casa para contar su historia.

***

La primera vez que Henry Dekker subió a un barco fue en 1980 el glaucoma ya había acabado con su vista. Un amigo lo invitó a navegar por la Bahía de San Francisco. “Me encantó porque yo extrañaba mucho manejar carros y ese día mi amigo me dejó manejar el barco y pues tuve la sensación de que, por primera vez desde que estaba ciego, nuevamente tenía el control de algo”, afirma sonriente, en su casa ubicada en Altos de Nejapa. Fue varias veces más y luego consideró la posibilidad de comprarse un barco. Y así fue. Después de aprender todo lo que tenía que aprender de barcos y navegación se compró uno y lo llamó: Dark Star.

 

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