El origen de los apodos

Reportaje - 11.12.2016
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Los apodos pueden hablar de la vida de una persona o de la historia de un país. ¿Se ha preguntado de dónde vienen motes como “La Chamuca”, “El Bachi”, “La Chilindrina” o “El Presidente”? Estas son las historias tras famosos sobrenombres de personajes nicaragüenses

Por Amalia del Cid

Los apodos comienzan en casa, en la escuela, en la mente de un caricaturista y, la verdad, en cualquier parte, en ese instante de gracia en que el mote cae como bajado del cielo. Algunos sobreviven muy poco, un día, tal vez una semana. Otros se aferran a la vida, usados esporádicamente por un grupo reducido. Pero hay unos —y a estos debemos temerles— que poseen buena madera y se quedan para siempre en la memoria colectiva.

Los hay compuestos y simples; unos hacen alusión al físico, otros al lugar de procedencia, algunos se derivan de una palabra dicha en el momento menos indicado y muchos se refieren a características no visibles, como la personalidad, el nivel escolar o las mañas. En cualquier caso, más allá de la burla, “un buen apodo, que llega a calar en el sentir de la gente, es aquel que también nos dice una historia o la lleva implícita”, comenta el caricaturista Manuel Guillén.

Desde su oficio Guillén ha sido una especie de cura bautizador. Obra de él son motes tan famosos como “El Bachi”, “La Chamuca” y “Gordomán”.

El cronista deportivo Edgar Tijerino, quien dio el nombre de “El Flaco Explosivo” a Alexis Argüello, considera que la suerte de un apodo va de la mano con la de su portador. Es decir, tiene que haber verdadera correspondencia entre el sentido del sobrenombre y el desarrollo del personaje. “El Flaco Explosivo” no habría calado si Alexis no hubiera sido un flaco de boxeo explosivo.

En su libro de poesía satírica Morado, el genial Gonzalo Rivas Novoa dijo que todo nicaragüense tiene algo de “pueta” y escribe versos “por pura vagancia”, aunque ahí demuestre “toda su ignorancia”. Guillén agregaría que “los nicas también tenemos algo de cura o sacerdote”, por esa manía de “bautizar” a la gente. “Aquí no se capea nadie. Arrasamos con la familia y los vecinos, pero la clase política es mejor blanco de nuestros apodos o sobrenombres”, dice.

En el salón de la fama de los apodos nicaragüenses tienen un sitio especial los motes que han recibido personajes políticos de la historia reciente: Daniel Ortega, Rosario Murillo, Enrique Bolaños y Arnoldo Alemán. Pero también hay apodos de asesinos que sembraron el terror durante los años de los Somoza y en la insurrección sandinista: “Macho Negro” y “Charrasca”. Y no puede quedar fuera don Domingo “Chagüitillo”, quien inspiró el uso de la palabra “chagüite” como sinónimo de discurso cantinflesco.

En otra esquina tenemos a personalidades no políticas, como el pelotero Denis Martínez, “El Presidente”; la periodista Lucía Pineda Ubau, conocida para siempre amén como “La Chilindrina” desde que Arnoldo Alemán la llamó así ante las cámaras y el músico Carlos Emilio Guillén, de la Cuneta Son Machín, a quien todos conocen como “Frijol”.

Detrás de estos apodos hay momentos de gloria, anécdotas pintorescas, datos históricos y hombres macabros. Vamos a contarle el origen de sobrenombres célebres de personajes nicaragüenses. Pase por acá.

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