El pasado que nos condena

Reportaje - 14.12.2008
Jóvenes del Servicio Militar

Un país desangrado como el nuestro repite su historia porque pocos han superado las tragedias ocultas en la memoria, dice un grupo de sicoterapeutas que para sanar el futuro han declarado la guerra al olvido

Luis E. Duarte
Fotos de Mario Tapia y Orlando Miranda

Aquiles Osejo Gaitán, supervisor de Ornato en la Alcaldía de Ciudad Sandino, tiene 42 años y un aspecto inofensivo. A simple vista, este padre de familia no parece una persona que participó en la guerra desde que tenía 14, motivado entonces por la euforia de 1979.

Sostuvo las armas todo el período de los ochenta, pero ahora desarmado, extiende la mano a sus compañeros, pero también saluda con la frente, los cachetes, el trasero, toca la cara de otros, sus piernas, viene y va en el auditorio, baila y ríe mucho.

Osejo es uno de los adultos en un taller de tres días en Estelimar, centro recreativo en las afueras de Estelí. La mayoría de participantes son jóvenes de organizaciones civiles sin fines de lucro, amas de casa jóvenes, desempleados, profesionales o técnicos.

Él es un hombre pequeño con bigote de brocha y una panza feliz, casado, padre cuatro veces y voluntario para todo lo que requiera ayuda en su barrio, ya sean jornadas de salud o de limpieza. Por eso lo invitan a charlas de liderazgo y él asiste muy contento porque con muchos sacrificios ha ganado reconocimiento a su empeño. Aquí parece más joven que los veinteañeros que llegaron de diferentes lugares a este taller tan inusual.

Desde 1997 un grupo de sicólogos del Centro Ecuménico Antonio Valdivieso sostiene talleres con diferentes grupos que tienen una modalidad muy peculiar. Por medio de terapias alternativas quie-ren lamer heridas subconscientes de los líderes de un pueblo sacudido una y otra vez por tragedias nacionales que en todo caso son también tragedias familiares. Éstos son encuentros de motivación cuyo reto principal es crear un cambio de actitud colectiva.

 

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