El poeta cazador de monjas

Perfil, Reportaje - 02.07.2006
Adán-Silva-Mercado

Las musas de este poeta no son las típicas mujeres angelicales que corretean desnudas por las praderas o que inspiran ternura con sus aires virginales y arpas doradas a orillas de los arroyos cristalinos de algún paraíso perdido. No, las musas del poeta Adán Silva usan hábitos, cuentan rosarios y alaban a Dios. De ahí nacen sus inspiraciones y sus tentaciones

José Adán Silva

Hará unos tres años que escuché en Rosita los comentarios picantes del periodista local Heberto Jarquín, sobre las jugarretas pecaminosas de un poeta cuyo apellido me resultaba demasiado familiar: Adán Silva Mercado.

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Decía el periodista que existe desde hace décadas en las poblaciones rurales del Triángulo Minero un hombre multifacético que hacía las veces de profesor, de investigador, de arqueólogo, de músico, de guerrillero, de poeta y escritor, de periodista y mil cosas más. Era el tipo, de acuerdo con Jarquín, una especie de hombre orquesta en este confín montoso llamado Rosita.

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Pero lo que más llamó la atención fue una frase de condena celestial devenida entre risas por Jarquín: “Ay el poeta Silva, ya tiene cerradas las puertas del cielo. De la acera no lo deja pasar San Pedro”.

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¿Cómo así? —insisto, y ahora viendo para todos lados y acercándose un poco a mi oído derecho, Jarquín termina el relato— “el poeta Silva fue bravo a perseguir monjas”, dice y ya retirado de mi oreja celebra e invita a brindar con las nuevas cervezas que vienen tibias en este barcito de la mina Rosita.

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La búsqueda no fue fácil porque el bendito poeta nunca estaba en un solo lugar: ahorita lo halla en Bilwi, en el proyecto cultural Tininiska, me dicen, y en el lugar, que ahora sé que significa colibrí en miskito, me dicen que se acaba de ir a Rosita. Vuelve uno a Rosita y lo acaban de ver pasar por aquella calle, rumbo al mercado, en el mercado lo vieron pasar hacia la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Atlántica de Nicaragua (Uraccan) y en el campus la versión es que ya se fue como buscando el empalme de Alamikamba.

 

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