El “pueta” de Juigalpa

Reportaje - 03.10.2010
Guillermo Rothschuh Tablada

La pobreza lo llevó a convertirse en maestro. A sus 84 años, Guillermo Rothschuh Tablada se detiene, gira hacia el pasado y habla de sus años en el magisterio, de cuando conoció a Carlos Fonseca y de sus amores. El chontaleño recibió el Premio Nacional al Magisterio 2010

Dora Luz Romero

El teléfono no ha dejado de repicar. Desde mediados de septiembre, cuando se anunció que Guillermo Rothschuh Tablada era el merecedor del Premio Nacional al Magisterio 2010, el teléfono de su casa no ha cesado de timbrar. Lo han llamado de día. De noche. Incluso de madrugada. Lo han llamado amigos. Familiares. Sacerdotes. Ex alumnos. Él ha contestado y dado las gracias con gusto.

Tiene el cabello blanco como la nieve. Viste pulcro. Lleva puesta una camisa mangas largas blanca con rayas rosadas que da la impresión de que nunca ha conocido arrugas; un pantalón azul y unos zapatos negros que brillan de limpieza.

Algunos lo llaman “pueta” otros “maestro”. Y es que tiene de los dos y todavía un poco más. Guillermo Rothschuh Tablada es ensayista, escritor, prosista y lo que más le gusta a él: chontaleño.

Sentado sobre una silla mecedora en el corredor de su casa en Juigalpa, Chontales, rodeado de plantas y flores, Rothschuh Tablada habla, no sólo del premio que ha recibido, sino que hace una pausa, voltea la mirada hacia atrás y cuenta cómo ha vivido esos 84 años que lleva encima. Un chocoyo chillón y unos cuantos pájaros cantores parecieran ser la música que armoniza la plática.

Viaja en el tiempo y rememora sus años en el Instituto Nacional Central Ramírez Goyena. También cuenta cómo conoció a Carlos Fonseca y su relación con el presidente Anastasio Somoza García. Se confiesa en voz alta y habla de sus cuatro amores: su esposa, sus hijos, los libros y Juigalpa.

 

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