Luis: el Somoza desconocido

Reportaje - 10.08.2014
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De los tres Somoza que fueron presidentes, Luis es el menos conocido. Por su carácter afable algunos le llaman “el bueno”, pero otros aseguran que fue un personaje cruel que actuaba como “el campeón de la guatusa nacional”

Por Dora Luz Romero

Una noche de 1950, ya pasadas las diez, Emiliano Chamorro, el caudillo conservador, estaba en su casa, listo para irse a dormir, cuando llegó un hombre a buscarlo. Le llevaba un recado de Anastasio Somoza García, el presidente. En esos días, ambos habían firmado el llamado “Pacto de los Generales” y trabajaban en función de lo que sería la nueva Constitución Política de Nicaragua.

En el mensaje le pedía como favor personal “invocando razones personales de familia para su hijo Luis, y en virtud del Acuerdo de Fraternidad Nacional que habíamos suscrito, le permitiese que su mencionado hijo Luis fuese al Congreso como Diputado”, relata Chamorro en su libro autobiográfico El último caudillo. No era la primera vez que se lo pedía. Durante las discusiones sobre la Constitución, cada vez que llegaban al capítulo donde se especificaba que los parientes del presidente de la República no podían ser diputados, Anastasio Somoza García se detenía y pedía obviar la disposición para que su hijo lo fuese. Eso ocurrió al menos en cinco ocasiones. Somoza le dijo a Chamorro que Luis, su hijo, no había terminado su carrera y que ni siquiera mostraba aspiraciones políticas. Aún así, él dijo que no.

Pero aquella noche, Chamorro, quien alega cansancio, accedió “al ruego del General Somoza”.

Seis años después, en León, el 21 de septiembre de 1956, Rigoberto López Pérez le pegaba cuatro tiros a Somoza García, el 29 del mismo mes este moría en Panamá. El “favor personal” y que bien pudo parecer inofensivo sumado a las reformas de la Constitución de 1955, donde se eliminó la prohibición a la reelección y a que parientes del presidente pudieran ser sus sucesores, resultaba ser una jugada bien pensada. Ahí, entró en el juego Luis Somoza Debayle, con apenas 34 años encima, diputado y presidente del Congreso Nacional y con el apoyo de liberales y conversadores se convertía en el sucesor de su padre. Con aquel muchacho bonachón, sonriente y conversador se consolidaba la dinastía somocista, un camino que minuciosamente había preparado su padre.

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