El teatro de los ancianos

Reportaje - 09.08.2015
Hugo Hernández Oviedo (al centro)

En una edad en que muchas personas se dedican a vegetar, ellos decidieron actuar. Por un rato olvidan sus problemas y enfermedades, para dejarlo todo en el escenario

Por Amalia del Cid

Señores y señoras, damas y caballeros, ¡sean todos bienvenidos a la farmacia de Celestín Chan Doo! Aquí velan por su salud y de ser preciso también los velarán en su ataúd. ¡Servicio completo! Pasen y pregunten. Sin pena, hombre. Sin miedo. En un rincón podrán ver al anciano de la bata blanca y los ojos desorbitados. Es nada menos que el siempre sonriente doctor Celestín. A la derecha, tras el mostrador, atiende su esposa Leopoldina Pérez Soza, pero no se preocupen, que no hace honor a sus apellidos. De ella recibirán píldoras, enjuagues y hasta miel de jicote. ¿Qué buscan? ¿Qué les duele? ¿Qué les pica?

En esta prestigiosa farmacia a nadie han de timar, ni el derecho de admisión se han de reservar. Clientes de Celestín son Adita Cela Prieto y Maruca Galo Rojo, coquetísimas señoras. También Fermín Picado del Hoyo, paciente terriblemente necio pero no tanto como Proculo Maduro Aguado. La otra es Carmenza Mena Mora, muchacha candorosa del cerro Punta Caliente. Viene cada vez que está por parir un cipote, y en una esquina espera amarrado su burro, mientras ella pregunta por yerbas, algodones y baños de vapor.

Carmenza, de 35 años, es la única joven en la clientela del doctor Celestín. El resto va de los 58 a los casi 80 años de edad. Ya la memoria les juega malas pasadas y deben ingeniárselas para recordar qué remedios andan buscando y no perder el hilo de las conversaciones. La artritis les muerde los huesos y se les nota cansados, pero vean ustedes cómo ríen, cómo gritan, cómo se transforman cuando vienen a esta farmacia. Dicen que quieren demostrar que los viejos no tienen por qué quedarse vegetando entre cuatro paredes, y varios están cumpliendo al fin el sueño de ser actores. Basta de preámbulos, esta es la compañía de teatro Hugo Hernández Oviedo. ¡Arriba el telón!

 

 

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