El último baile de Somoza

Reportaje - 11.10.2015
La familia de Miriam Pérez conserva pocas fotos

Miriam Pérez se llamaba la joven leonesa que bailó con Anastasio Somoza García poco antes que lo asesinaran. Era la Novia del Club de Obreros de León y sus familiares y una amiga recuerdan aquella noche que marcó la historia del país

Por Tammy Zoad Mendoza M.

Miriam estrenaba un vestido blanco talladísimo a su estrecha cintura, con falda campana que caía hasta el tobillo. “Las mangas cortas y el pecho en V eran de un encaje blanco muy fino. Lindo el vestido de la Miriam”, recuerda Daysi Bojorge, de 77 años. Miriam Pérez Rojas y Daysi tenían entonces 18 años. Asistieron juntas a la fiesta de la Casa del Obrero el 21 de septiembre de 1956, Miriam como la Novia de club y Daysi como su inseparable amiga.

“Vivíamos cerca, trabajábamos juntas y andábamos en los bailes que la invitaban. Miriam era popular como novia de la Casa del Obrero de León y esa noche me pidió también que la acompañara. Iba a bailar con el presidente, no me lo podía perder”, cuenta Bojorge.

El general Anastasio Somoza García era otra vez candidato del Partido Liberal para la Presidencia en las elecciones de 1957. Desfiló por las calles para celebrar su nombramiento, asistió a una cena en el Club Social de León y tenía previsto cerrar su jornada en la fiesta popular de esa noche. Su esposa, Salvadora Debayle, cambió el vestido pomposo de la cena por uno más ligero y escotado para la fiesta. Somoza también se quitó el esmoquin y pantalón blanco de la gala en el Club Social y se puso cómodo para la ocasión: camisa blanca, corbata oscura, saco negro y pañuelo blanco en el bolsillo del pecho. Pasadas las siete de la noche ambos inauguraron el baile de la Casa del Obrero danzando un vals que ejecutaba la orquesta. Después Somoza se soltó. Tomó whisky, conversó con el que se le acercara y bailó cuanto pudo, sin perder la pose de gran señor.

 

 

Unos dicen que un mambo, otros que un bolero y hasta un chachachá. Lo cierto es que Somoza García bailó por última vez con Miriam Pérez, la joven leonesa. En la fotografía se ve Miriam con su grácil figura de perfil, en un giro congelado, bailando frente a Somoza, que empuña las manos en un gesto bailarín experimentado y sonriendo de satisfacción. Al patriarca de la dictadura le gustaba tanto mandar como bailar. Era un experto en ambas, según testimonios de quienes le conocieron.

“No recuerdo qué canción bailaron al final, pero fue un set completo que tocó la orquesta. Él la llevó de la mano a sentarse, y después se fue a su mesa, al lado de las sillas donde estábamos. De repente vi que el muchacho se le puso enfrente, se agachó y escuché los disparos. ¡Dios mío! Somoza se fue de espaldas en la silla y al muchacho le cayeron los guardias”, dice Daysi Bojorge.

El muchacho de pantalón azul oscuro y guayabera blanca era Rigoberto López Pérez, un poeta y opositor del régimen somocista que se convirtió en héroe suicida esa noche. Cuatro de los cinco disparos que hizo con su revólver Smith & Wesson calibre 38 quedaron en el cuerpo de Somoza García. Rigoberto en cambio recibió 54 balas.

Doña Daysi recuerda casi todo. Lo que vio, lo que platicó con Miriam, lo que pasó luego del atentado. Lo único que no logra recordar es cómo iba vestida ella, las canciones que bailaron y lo que pasó mientras estuvo desmayada. “Lo peor vino después. Balaceras, gritos, el gentío corriendo en todas direcciones. Fue horrible”, asegura Daysi Bojorge, una de las pocas, sino la única persona, que estuvo esa noche en el baile y que 59 años después aún vive para contarlo.

Desde la noche del 21 de septiembre de 1956 Daysi Bojorge no había vuelto a entrar a la vieja Casa del Obrero de León, ahora Casa Museo Rigoberto López Pérez. “Quería saber cómo estaba, pero siempre me daba miedo entrar. Es un poco triste estar aquí otra vez”, dice 59 años después de aquella noche.
Desde la noche del 21 de septiembre de 1956 Daysi Bojorge no había vuelto a entrar a la vieja Casa del Obrero de León, ahora Casa Museo Rigoberto López Pérez. “Quería saber cómo estaba, pero siempre me daba miedo entrar. Es un poco triste estar aquí otra vez”, dice 59 años después de aquella noche.

 

 

 

 

 

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