En busca del oro

Reportaje - 08.02.2015
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En Nicaragua se vive una nueva fiebre del oro. En La Libertad y Santo Domingo hasta los ganaderos dejan sus fincas por buscar el codiciado metal

Por Arlen Cerda

Con una facilidad que sorprende en un hombre de 65 años de edad, que además aún se recupera de una pierna rota once meses atrás, Jorge Bellanger Duriez hace rodar desde un rincón de su patio, en el municipio de La Libertad, Chontales, una pesada piedra. Hace un par de décadas esa piedra la usaba para “bolillar” la “broza” que traía desde los cerros cercanos para extraerle oro.

Desde que era un niño, la vida de Bellanger ha estado ligada a este metal. Su abuelo y su padre fueron mineros y de ellos aprendió el oficio cuando apenas tenía 8 años. Además, Bellanger fue joyero y conserva aún la mesa de orfebrería en un rincón de su casa. Este año, dice, pretendía volver a la montaña. Muchos lo buscan porque sabe seguir las vetas y llegar a las rocas que contienen oro. Y ya había un grupo que iría a trabajar con él, pero un accidente en una moto, sufrido en febrero del año pasado, le impide volver por ahora. “Tal vez es mejor así —dice— es un trabajo duro, la montaña es peligrosa y ya no soy un chavalo”.

La montaña a la que Bellanger se refiere es una de las formaciones de la cordillera de Amerrisque, una cadena de 700 kilómetros de largo que cruza desde Honduras hasta Costa Rica, por el centro de Nicaragua, y que ha sido una importante fuente de oro nacional desde principios del siglo XVI.

Por la carretera que une a La Libertad con Santo Domingo, otro importante núcleo minero en la región central del país, se observan los cambios que la minería ha causado en el paisaje.

Decenas de camiones suben y bajan durante todo el día de las montañas llenas de surcos. Uno pregunta por la minería en aquellos pueblos y la gente señala a sus “cerros rebanados”. Sin embargo, Bellanger comenta que en estos años es cuando más oro se está sacando y cuando menos oro han visto ellos. Ni hablar de los precios, reclama, pues cuando él trabajó exclusivamente en la extracción de oro —y no juntando salario con otros trabajos para sobrevivir— en su mejor momento el gramo tenía un costo de 35 córdobas y ahora el mismo se paga a 700 córdobas.

 

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