En las catacumbas de la catedral

Reportaje - 18.11.2007
Catedral de León

Bajo los pies de quienes visitan la majestuosa Catedral de León se teje una compleja red de sótanos que guardan restos de personalidades, reliquias y sobre todo leyendas

Foto y texto de Orlando Valenzuela

Bajar al inframundo de las catacumbas, donde los espíritus de los muertos rondan en medio de la oscuridad y el aleteo de murciélagos sedientos de sangre, parece ser propio de osados aventureros o parte del guión de una película de suspenso.

Sin embargo, nada de esto ocurre cuando se visitan los sótanos de la Catedral de León, donde en vez del miedo que para algunos supone visitar este lugar, aquí se siente una sensación de paz, quietud, respeto y admiración por este enorme monumento arquitectónico del siglo XVIII.

Empezada su construcción en 1747 por monseñor Juan Isidro Marín Bullón y Figueroa, este colosal edificio tardó 113 años en terminarse. Durante su construcción y aún después de inaugurada esta majestuosa iglesia, muchos de sus impulsores y promotores, principalmente obispos, sacerdotes, presbíteros y notables de la cuidad, al morir recibieron el privilegio de ser enterrados en los sótanos de la iglesia y desde entonces son los centinelas que descansan el sueño eterno, siempre vigilantes.

La nómina de los sepultados en los sótanos es pequeña y selecta, pues aunque estos lugares sólo estaban reservados para dignatarios del clero, también alcanzaron otros mortales que por su aporte a la cultura y desarrollo de Nicaragua se hicieron merecedores de ese privilegio.

Aunque para algunas personas visitar los aposentos de los muertos puede parecer algo macabro, en el caso de los sótanos de esta Catedral es un poco diferente, porque además de estar muy cerca de las cenizas de ilustres huéspedes que dieron fama y gloria a Nicaragua, aquí la visita es guiada por jóvenes profesionales, muy conocedores de la historia de León y especialmente de los tesoros ocultos de su Catedral.

 

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