Ermitaños del siglo XXI

Reportaje - 04.05.2008
Franciscanos

Castos, obedientes y pobres. Es la forma de vivir de estos franciscanos. De los 16 que existen en el mundo, cuatro viven en Nicaragua. Para comer deben mendigar en las calles, para viajar deben pedir ride y hay un día en el que no se habla. Sólo se ora, el viernes. Sin luz eléctrica, sin carro, sin teléfono, sin dinero, sin abundancia. Así viven

Dora Luz Romero Mejía
Fotos de Orlando Valenzuela

La niñita morena, de ojos grandes y brillosos le sonrió con un gesto de admiración. Mientras aquel hombre de barba espesa, sandalias y túnica caminaba con paso lento, la pequeña no podía evitar la perplejidad en su mirada. Creía estar frente a Jesús.

¿Pura imaginación? No. Era un hombre de carne y hueso, todos le podían ver, pero no era quien ella pensaba. El, un fraile franciscano de I los que habitan en la ciudad de San Marcos, la miró y contestó con una sonrisa suave.

Hace cuatro arios llegó a este municipio de Carazo un pequeño 0 grupo de hombres que se autoproclaman seguidores de San Francisco de Asís. Los pobladores solían verlos con extrañeza debido a sus particularidades: hábito tosco y plomizo, sandalias, barba larga y cabeza rapada. .. Llegaron sin nada, más que con sus compañeros. Viajaron desde los Estados Unidos al ride y pasaron casi tres semanas para arribar a su destino. “No fue fácil”, dicen.

Hoy viven en una casita de madera construida por ellos mismos y ubicada en un terreno prestado (porque su voto de pobreza no les permite poseer, propiedades). Habitan en medio de frondosos árboles en donde sus compañeros hacen de familiares.

Son seis. Cocinan con leña, no tienen luz eléctrica, tampoco teléfono y mucho menos carro. Reciben pocas visitas, ayudan a los pobres y el día entero se la pasan en oración. Estos franciscanos son diferentes al resto. Se llaman Franciscanos de Observancia Primitiva y existen apenas 16 en todo el mundo. Son los más radicales. Optaron por dejar sus bienes, sus familias y amigos para llevar una vida de pobreza, obediencia y castidad. Así son felices, así conviven en esta fraternidad donde cada cual cumple una función. Aquí hay un cocinero, un guardián, un jardinero, un mendigo…

 

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