El vals de la lepra

Reportaje - 03.06.2007
José-de-la-Cruz-Mena

Uno de los más grandes maestros de la música clásica de Nicaragua murió solo en un ranchito en León, aquejado por la lepra. La leyenda de Mena aún se cuenta en las calles de esta ciudad, sobre todo ahora que se cumplen cien años de su muerte

Octavio Enríquez
Fotos de Orlando Valenzuela

En la esquina oscura, bajo una llovizna, un hombre mira el teatro. Es alto, delgado, ligeramente encorvado. Boca y nariz regular. Ojos vivaces. Bajo ese alero es un don nadie.

Del otro lado de la calle, la multitud ovaciona y él cree que se trata de las celebraciones normales de un festival artístico para aplaudir el talento e intelectualidad de la ciudad, realizado ese año. Son los reconocidos juegos florales. Lo que no sabe es que las ovaciones son para él.

En el teatro arranca un vals que empieza con una marcha fúnebre que despierta sensaciones entre la gente. Allá afuera el hombre delgado y alto está solo. La gente escucha la música y empieza a aplaudir, según el profesor leonés Edgardo Buitrago, uno de los más célebres biógrafos del músico que conoció a mucha de la gente con quien se relacionó este flaco llamado José de la Cruz Mena.

No se sabe de quién es el vals, pues en el concurso se usaron seudónimos, pero sus admiradores irrumpen con aplausos, adivinan y lanzan vivas a Mena, el hombre leproso, que aguarda impaciente afuera sin saber que es su pieza la que ha ganado el festival.

De pronto oye pisadas. No puede ver nada en aquella oscuridad, porque está ciego. Los pasos conducen a un amigo, quien le comunica su triunfo que todos ovacionan. El público pide su presencia en este teatro, atiborrado por una sociedad que se dice cultiva y admira el arte.

—¿Puedo entrar al teatro? —pregunta. Se detiene y él mismo se responde diciendo que es imposible, porque sus manos sin dedos y sus facciones llagadas pueden provocar temor y repugnancia.

—No maestro. No diga usted eso. Todos quieren verle, y si no oiga usted el eco atronador de las voces. Y oiga cómo lo están llamando —apura. A lo lejos se escucha: ¡Viva Mena!.

 

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