La casa de Daniel Ortega

Reportaje - 06.07.2017
La casa de Ortega

Poco a poco Daniel Ortega ha ido construyendo una fortaleza en el centro de Managua. Siete casas ajenas, calles, campo deportivo y parte de un parque ha ido engullendo este complejo amurallado, envuelto en polémica desde que los Ortega Murillo llegaron al barrio

Por Arlen Cerda

Un policía camina por la acera desierta y cuando llega al puente que cubre el cauce de aguas negras que corre cerca de ahí se detiene y revisa los costados de la estructura. El hombre bajo, de piel morena y rostro severo mira a uno y otro lado y se empina pegado a la baranda metálica del puente como si fuera a echarse de cabeza. Con su revisión minuciosa espera comprobar que ahí, bajo el puente o en el curso del cauce, no hay nadie oculto acechando.

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A unos diez metros de él, detrás de una tapia y sobre una torre de vigilancia, otros cuatro policías también vigilan la acera y los alrededores. Uno de ellos parece dar instrucciones a los otros y pita al automóvil blanco que avanza despacio frente a la acera. Pita otra vez y el auto recupera la marcha hasta perderse de vista en la esquina de la rentadora de autos vecina de la propiedad que ellos resguardan. No es una propiedad cualquiera, sino la casa de habitación, oficinas centrales del partido de Gobierno y –desde enero del 2007– también la casa presidencial, desde la cual despacha el mandatario Daniel Ortega.

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No hay certeza de cuántos policías protegen el complejo que suma unas dos manzanas, pero cada cincuenta metros o menos hay torres de vigilancia en las que siempre permanecen un policía y un militar por turno. Y, esa seguridad cubre hasta el aledaño Parque El Carmen, donde en un día normal permanece una patrulla con cinco o seis oficiales que fácilmente se triplican cuando en la residencia hay alguna actividad oficial o partidaria. Pero no siempre ha existido ese complejo ni los alrededores de ese barrio han estado así de vigilados.

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Setenta años atrás, las 24 manzanas que hoy suman el barrio El Carmen eran sólo los potreros de una finca de Constantino Pereira, un hombre que en los años cuarenta del siglo pasado se convirtió en el primero en iniciar, justo en esas tierras, la construcción de una urbanización fuera del centro de la vieja capital, devastada por el terremoto de 1972.

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