La guatusa de Nicaragua

Reportaje - 15.01.2018
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Historia universal de la higa o “guatusa”, nuestro gesto obsceno por antonomasia. Desde amuleto contra el “mal de ojo” hasta la política nicaragüense

Por Amalia del Cid

Breve guía para insultar con la mano y sin sutileza: se forma un puño y enseguida se desliza el dedo pulgar, como un diminuto cañón, entre el índice y el medio. Eso es todo. Pero el gesto puede ir acompañado por un chirrido labiodental o bien por una palabra clave que le aporte fuerza y, si se quiere, dignidad, como “¡esta!” y “¡tomá!” En otras partes del planeta la gente lo llama “higa”; para los nicaragüenses es simplemente “guatusa”.

Una de las primeras referencias sobre el uso del práctico gesto obsceno que antaño más utilizaban los nicas viene desde comienzos del siglo pasado y tiene que ver con cierto personaje pintoresco y belicoso, de nombre Luis Mena, que aparece en todos nuestros libros de historia. Seguramente usted ha escuchado la frase: “¡Esta, dijo Mena!”, que de alguna manera quedó para siempre amén relacionada con la “guatusa”.

“El cuento”, dice el historiador Nicolás López Maltez, es que el presidente José Santos Zelaya le había puesto precio a la cabeza de Luis Mena, quien fue “el principal general de la última insurrección” en su contra, en 1909. Y más tarde “cuando ambos estaban exiliados en España, Mena, que necesitaba dinero, se fue donde Zelaya y le dijo que le pagara la recompensa por la cabeza. ‘¿Cuál cabeza?’, le preguntó Zelaya. ‘Esta’, dijo Mena, tocándose su cabeza”.

Pero hay otras versiones, tejidas y aumentadas a lo largo del tiempo, que colocan a Mena, protagonista estelar de la famosa Guerra de Mena, tocando a la puerta de Zelaya para decirle que le llevaba “la cabeza” y enseguida mostrarle la del dedo pulgar. De cualquier forma, a estas alturas no es posible comprobar con precisión histórica si Mena hizo o no una “guatusa” alguna vez, afirma el historiador Bayardo Cuadra. Lo que sí se sabe es que a Anastasio Somoza García le encantaba emplearla y que en una ocasión fue usada como parte de una campaña política.

Debido a que el gesto de la “higa” se originó en la Península Ibérica es natural que su presencia en América se atribuya a la venida de los conquistadores españoles. En España, desde tiempos remotos, el signo ha sido empleado como amuleto contra “el mal de ojo” y también para demostrar desconfianza. De esto último quedó constancia en El Quijote de la Mancha, cuando Cervantes hizo que la dama Doña Rodríguez de Grijalba le aclarara a Sancho Panza que de ella solo recibiría una higa.

En Nicaragua denota principalmente desconfianza y, más que eso, es una proclamación de “a mí no me engañás”. O sea, la guatusa como respuesta ante la guatusa. El gesto se convirtió en nuestro símbolo nacional “del engaño”, escribió Pablo Antonio Cuadra en su libro El Nicaragüense.

“La higa es un gesto universal injurioso o burlesco o despreciativo de probable abolengo fetichista. Sin embargo, entre nosotros ha adquirido una excesiva y sospechosa preeminencia y popularidad sobre el resto de nuestros gestos típicos. Le hemos dado nombre y oficio, y con un sentido mágico muy indio, hemos encarnado el gesto en un animal roedor, huidizo y equívoco”, expuso el periodista en su obra más conocida, publicada en 1969.

Para él, la guatusa era una “indecente letra de mano” que sustituía a la palabra engaño. Una “expresión de falsedad” y una manifestación más del espíritu Güegüense. Por otro lado, nos guste o no, es un signo que nos ha acompañado a lo largo de muchos años, en todas las esferas, pero sobre todo en la política, y que ha sobrevivido pese a que “la peineta” (nombre popular del dedo medio alzado) le ha ganado terreno.

Esta es la nada ortodoxa historia de la elocuente “guatusa”. “El duende mimado de un pueblo mentiroso”, diría Pablo Antonio.

 

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