La hora del “Chocolatito” González

Reportaje - 09.10.2016
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El tetracampeón mundial de boxeo y actual mejor libra por libra del planeta fue un niño que solo quería jugar futbol, vendió venenos con su padre, no terminó la primaria y perdió en un mismo año a sus dos principales benefactores. Así ha sido la vida de Román “Chocolatito” González

Por Amalia del Cid y Julián Navarrete

Por cada pelea ganada en la categoría amateur, Román González se llevaba una canasta básica para su casa. Era el premio que el tricampeón mundial Alexis Argüello conseguía a través de sus patrocinadores y entregaba a los nuevos talentos del gimnasio boxístico Róger Deshon, en el barrio San Judas. “Si noqueás, te doy dos canastas”, le prometía Alexis a su discípulo. Y Román, que no sabía perder, se fue llenando de bolsas de frijoles, arroz, azúcar, espaguetis, pollos enteros, jaleas, fósforos, sopas de fideos y hasta servilletas. Cada quince días peleaba tres rounds en el Deshon y cada quince días llegaba a su casa, en La Esperanza, con una o dos nuevas panas. Ganó casi noventa. Eran tantas que su mamá las empezó a vender.

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Obtener una gran canasta básica siempre es algo bueno, pero lo era aún más para Román porque él ya había conocido el hambre. Cuando tenía 10 años pasaba solo en casa y a veces consumía nada más agua con azúcar en todo el día. Eso fue antes de que su papá, Luis González, exboxeador amateur, se lanzara a las calles para vender desinfectantes y veneno para ratas y zompopos.

A Luis González le gusta contar lo que él llama, a secas, “la historia”, y al final de cada anécdota sobre las antiguas pobrezas de su familia hace una pausa para recalcar “es real, es real”. A ratos se le ponen los ojos aguados y a media mejilla interrumpe la caída de una lágrima. Le afecta especialmente el tema de su época de alcoholismo. Cuando “Romancito” tenía tres años lo mandaba a buscar botellas de cerveza, después le mostraba las palmas de las manos para que el niño ensayara golpes y antes de llevarlo a la cama, le decía: “Vas a ser campeón, hijo”. “Mi mente nunca me falló de que él iba a hacer historia en este país”, comenta con voz vacilante. “Me siento emocionado cada día más y siempre estoy aquí, esperándolo en el gimnasio para que él esté meneándose”.

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Ahora lo ve menos. Entre firmas de contratos, viajes y el tiempo que pasa con su novia, Román es cada vez más inaccesible, incluso para su padre. El niño que quería jugar futbol y el adolescente escuálido que coleccionaba canastas básicas dieron paso al hombre que hoy posee cuatro títulos mundiales de boxeo. Es el primer nicaragüense que logra la hazaña y muchos expertos lo colocan por encima del mismísimo Alexis Argüello en materia de habilidades pugilísticas.

Esta es la historia de Román “Chocolatito” González. El hombre al que se le ha perdonado toda clase de controversias. El boxeador al que se le ha exigido la perfección.

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