La revolución de los Girasoles

Reportaje - 10.04.2017
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Protagonistas de una película, facilitadoras judiciales y trabajadoras sexuales. Yamileth, Johana, Yessenia y María Elena son el rostro de las prostitutas que defienden su oficio y sus derechos

Por Tammy Zoad Mendoza M.

Son abuelas, madres, hijas, hermanas, amigas. Ni putas ni prostitutas, aclaran de entrada: “Somos trabajadoras sexuales”.
La que hace vigilia en una esquina, en la calle o en un parque para atraer clientes. La que después de bailar en un club nocturno cierra el trato con alguno de sus clientes y se van juntos. La que arma su agenda de trabajo a través del celular y por redes sociales. Todas comparten el oficio pero tienen historias y experiencias dispares. Unas no se reconocen como trabajadoras sexuales, aunque eventualmente cobren por sexo clandestino con algún amigo o conocido; otras hasta bromean con su drama “soy la puta de la casa, pero nadie sabe”. Y por supuesto, están las que levantan la bandera por todas, trabajadoras sexuales como Yessenia, Johana, Yamileth y María Elena.

Según el Ministerio de Salud hay casi 15 mil trabajadoras sexuales en Nicaragua, más de dos mil forman parte de la Asociación de Mujeres Trabajadoras Sexuales Girasoles de Nicaragua y 18 son facilitadoras judiciales acreditadas por la Corte Suprema de Justicia.

María Elena Dávila, Yamileth García, Johana Sequeira y Yessenia Alston son parte de un hito mundial. Ellas y 14 compañeras más son las primeras trabajadoras sexuales en convertirse en asistentes de justicia acreditadas por el Gobierno. Desde abril de 2015 Nicaragua es el único país del mundo en preparar y certificar a trabajadoras sexuales para resolver conflictos y tener voz legal para intermediar ante las autoridades. Ese mismo año el Consejo Supremo Electoral (CSE) las invitó públicamente para servir como edecanes en las elecciones presidenciales de 2016. Algunas participaron.

Luego de 10 años organizadas para visibilizar su trabajo y reivindicar sus derechos, en febrero de este año el país entero conoció voces y rostros de algunas de ellas. Fueron noticia nacional e internacional al protagonizar un documental en que muestran una cara poco conocida del trabajo sexual y su labor como facilitadoras judiciales. “Si creen que es una película pornográfica, lo siento”, aclara María Elena Dávila, trabajadora sexual, de 54 años y presidenta de la Asociación de Mujeres Trabajadoras Sexuales Girasoles de Nicaragua, organización que le da el nombre a la película producida por Camila Films.

¿Por qué girasoles? “Porque somos mujeres libres, como esas flores silvestres, crecemos y estamos donde queremos. Estamos llenas de energía. No nos pueden invisibilizar, ni quitar nuestros derechos, siempre ponemos la cara al sol”, explica María Elena.

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