La sonrisa de Brenda

Reportaje - 15.05.2017
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El 24 de julio de 1982 un grupo “contra” intentó tomar la represa El Salto, Bonanza. Ocho milicianos sandinistas fueron rafagueados y degollados. Brenda Rocha sobrevivió y su imagen se convirtió en “la sonrisa de Nicaragua” de los 80

Tammy Zoad Mendoza M.

Tendida en el piso, antes de cerrar por completo los ojos, vio como los atacantes seguían disparando a sus compañeros heridos, los pateaban y otro de ellos, agarrándoles la cabeza, los degollaba uno a uno para rematarlos. Eran unos sesenta contrarrevolucionarios que intentaban tomar por asalto la represa El Salto, Bonanza, Región Autónoma de la Costa Caribe Norte, resguardada por nueve milicianos sandinistas, diría el diario Barricada el 27 de julio de 1982, tres días después del ataque.

Brenda Rocha estaba herida, pero no sabía que eran 14 balas las que había recibido en el brazo derecho. Estaba desmenuzado por las balas. Permaneció en el suelo viendo en silencio la masacre y esperando su turno. Faltaban unos cuantos cuerpos cuando cerró los ojos y contuvo la respiración. En un último intento por salvarse se hizo la muerta. Escuchó gritos a lo lejos y la orden de retirada. Huyeron ante el anuncio de la llegada de refuerzos sandinistas. No les dio tiempo de pasarle la bayoneta por el cuello.

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Silencio. Permaneció en silencio y poco a poco volvió a agarrar aire. Abrió los ojos y todo era sangre. “Me quedé como muerta. Me quité las municiones que me estaban lastimando y puse a un lado el fusil. Los contras agarraron las armas y municiones. Cuando se fueron, me quise mover y no podía, medio me senté y vi la gran fila de contras, parece que llevaban varios heridos, había rastros de sangre y como que después encontraron un muerto de ellos”, relató entonces a Barricada desde el Hospital Alejandro Dávila Bolaños, donde se recuperaba de la operación en la que le amputaron lo que quedaba de su brazo derecho.

En un país agitado aún por el triunfo de la revolución sandinista que derrocó la dictadura de los Somoza, atravesando un convulso proceso de reconstrucción nacional dirigido por una Junta de Gobierno que implementaba medidas extremas para combatir los ataques políticos y militares de Estados Unidos, bajo la administración del presidente Ronald Reagan, y con una creciente generación de jóvenes empapados con el espíritu heroico del pasado reciente, la historia de la adolescente que sobrevivió a un violento ataque de un grupo contrarrevolucionario fue gasolina para agitar la llama del proyecto revolucionario.

Pero al testimonio de Brenda lo acompañaba una foto que contrastaba con la crudeza de su relato, y que provocó mayor impacto. Brenda era esa quinceañera con candorosa expresión infantil; rostro redondo enmarcado con una melena corta y desordenada, mirada vivaz y una sonrisa amplia, hermosa, que acentuaba el camanance en su mejilla derecha. Una chavala encantadora que había perdido un brazo en la guerra, pero que aun lucía una linda sonrisa.

Esa sonrisa se repetiría en cada fotografía que acompañaba las notas en periódicos, revistas e incluso propaganda política que hablaba de la jovencita que había vencido la muerte y le sonreía a la vida, la que se convirtió en el rostro y bandera de la Juventud Sandinista de la época.

La misma sonrisa se repitió en cada fotografía de cada nota que salió después en el diario Barricada, donde le dieron seguimiento a su historia, la que inspiró unos versos del poema Seguiremos naciendo de la escritora Gioconda Belli y la que impresionó al escritor Julio Cortázar.

Brenda Rocha tiene ahora 50 años. El día de su cumpleaños compartió fotos y recuerdos en redes sociales, y ahí estaba de nuevo la famosa fotografía de su juventud. Muchos recordaron y comentaron sobre “la sonrisa de Nicaragua”, “la sonrisa de la revolución”, allá en los 80.

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Brenda Rocha fue bautizada popularmente como "la sonrisa de Nicaragua".
Brenda Rocha fue bautizada popularmente como “la sonrisa de Nicaragua”.

 

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