La última bolchevique

Reportaje - 19.04.2009
Ada Luz Monterrey

A los siete años vio morir a su madre por un mal parto, a los 21 fui violada y embarazada. La internaron en el hospital siquiátrico y luego se enamoró perdidamente de una francesa. Ha vivido la vida con dolor y alegría esta veterana periodista que desde su cuartel central, Radio Mujer, se declara la última bolchevique

Amalia Morales
Fotos de Orlando Valenzuela

La mirada resiste hasta el último instante. Los ojos testarudos soportan esa dolencia que arremete en el seno de una familia humilde del Bluefields de los años 50. Ante la infección mortal, lo único que sigue vivo en la mujer son los ojos grandes. Abiertos como estrellas que titilan en la madrugada. Son los ojos de una madre que no quiere dejar de ver a los ocho hijos que en breve convertirá en huérfanos. Es la mirada agónica de una esposa que desde una cama le ruega vida al marido devoto que no se aparta de su lado. Una niña de siete años, Ada Luz, es testigo para siempre de la trágica escena. Mira a su madre postrada que no quiere morir y a su padre impotente que tampoco la quiere dejar ir, pero que no puede hacer nada más. Las gasas y la tijera que en el último parto dejó por olvido el médico, uno que se había graduado en La Sorbona de París, según averiguaría años después Ada Luz, pudrieron todo por dentro. Los médicos se lo habían advertido al marido. Le habían dicho al religioso “Maitro” Monterrey, el albañil que construía con concreto iglesias y seminarios en Bluefields y ciudades aledañas, que su esposa no debía parir más. “Tu mujer no puede seguir teniendo más hijos, hay que amarrarle las trompas”. Pero los principios católicos del Maitro Monterrey pesaron más. Le dio miedo que los curas de esa época cumplieran su sentencia y lo excomulgaran. Una ironía macabra le ocurrió entonces al Maitro Monterrey. El sepelio de su esposa inauguró la iglesia San Martín de Porres, el último edificio que él acababa de construir.

“No voy a olvidar jamás el dolor de aquella mujer”, dice Ada Luz, esa hija que ahora tiene 64 años, y que habla con una voz ronca, pectoral, atemperada con dos paquetes diarios de cigarrillos.

Ada Luz ya no es la niña que creció jugando con ocho hermanos en Bluefields. Ahora es una mujer con muchos años que vive sola en una casa en la colonia Linda Vista, en Managua.

 

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