La última voluntad de grandes personajes nicaragüenses

Reportaje - 13.03.2016
La foto es cortesía del fotógrafo nicaragüense Oscar Cantarero

Un epitafio, una tumba sencilla, la continuidad de una lucha, un hogar para los huérfanos o las necesidades de dos gatos… ¿En qué se piensa cuando se está a un paso de la muerte? Así se despidieron Emiliano Chamorro, Rubén Darío, Carlos Martínez Rivas, Benjamín Zeledón y otros personajes de nuestra historia

Por Amalia del Cid

Escribir testamentos era casi un pasatiempo para Carlos Martínez Rivas. Se le conocen al menos cinco, en los que hereda su obra literaria, sus libros y sus gatos. Varias veces Sergio Ramírez Mercado fue su “heredero universal honorífico” y otras tantas estuvo nombrado “legatario” de su biblioteca, disposición que el poeta decidió anular a través de otro testamento, pues temía (horror de horrores) que el escritor la convirtiera en “una biblioteca popular”. Lo cuenta el propio Ramírez Mercado en el prólogo (finalmente censurado por razones que no quedaron claras) de una antología de Martínez Rivas, tan talentoso como extravagante, tan huraño como impulsivo.

“Quizás no iba descaminado, esa casa de Altamira debería ser ahora un museo, con sus paredes llenas de grafitis, la biblioteca abierta al público, lo mismo que su archivo, para consulta de los investigadores. En este país sin memoria, todo termina disolviéndose en humo”, comenta hoy el escritor. Martínez Rivas —dice—, cambiante como fue, otorgó varios testamentos, “el último a favor de sus dos hijos”.

En otro documento, escrito a fines de los años ochenta, con su letra suelta y menuda Carlos deja como herederos a sus dos hijos y detalla cuidadosamente lo que debía hacerse con sus gatos, sus textos y su cuerpo. También describe cuatro estantes libreros, con anaqueles que guardaban “los más ricos volúmenes sobre Arte, Mitología, Religión y Lingüística” y “cincuenta diccionarios y enciclopedias”. Además valora los muebles, de cedro real, en no menos de “un millón de córdobas” por cada uno.

En ese texto, que está en manos del empresario Róger Barberena Garay, amigo del poeta, Carlos se preocupa por sus gatos Poe y Mur. En otro, de 1998, deja encargados a sus “dos gatos hembras”: La Gatita y Electra. Y lo mismo en el último de sus testamentos, también de 1998. Los tres se encuentran en el libro Humanidad y Sensibilidad, recopilados por el poeta Pablo Centeno Gómez, quien fue amigo íntimo de Martínez Rivas.

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