Las abuelas y el sexo

Reportaje - 09.07.2017
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Llanto en la primera menstruación. Miedo a embarazarse con un beso. Terror ante la “luna de miel”. Abuelas, bisabuelas y maestras de antaño cuentan cómo aprendieron sobre sus cuerpos
y la sexualidad hace dos o tres generaciones cuando el sexo además de tabú, era pecado

Tammy Zoad Mendoza M.

Sintió pinchazos en “la panza” y pidió permiso para ir al baño. Mientras avanzaba tuvo una sensación tibia de humedad entre las piernas y apresuró el paso. Entró, se enllavó y al bajarse el calzón vio que estaba embebido en sangre. “Las maestras dijeron que yo pegué un grito, pero no me acuerdo”, dice Francisca Amador Ponce, de 79 años. Se desmayó. Tenía 12 años cuando tuvo su menarquia, el primer sangrado menstrual. Nunca antes le habían hablado de aquello, ni en la escuela, donde cursaba el cuarto grado de primaria, mucho menos en su casa.

La encontraron tendida en el piso y su maestra la llevó a un salón. “No te preocupés gardelita (como le decían por el mote familiar), esto es normal. Llega una edad en que todas las mujeres sangramos, es la menstruación que llega cada mes, te tenés que cuidar, ya sos una señorita”, le dijo la maestra, pero ella seguía sin entender aquello de lo que al menos ahora sabía el nombre.

“Yo lloraba, lloraba y lloraba. Le decía que mi papá me podía castigar, que me iba a pegar. Él nos advertía que no nos acercáramos a ningún extraño ni a los chavalos estando solas, por el peligro de una violación. Y yo decía, ¿será que me violaron? ¿Pero cómo? ¡Es que yo ni tenía idea de cómo era eso!”, cuenta Francisca, hija de Guadalupe Ponce y Seferino Amador, padres de 13 hijos.

“Es que antes no te hablaban de nada, sino hasta que pasaban las cosas te sentaban y te aconsejaban o te sentenciaban, pero nada te explicaban”, dice Olga Hernández, leonesa de 74 años. Ella tuvo quince hermanos, de los cuales solo le quedan dos, incluyendo a su hermana Susana, de 83 años, quien fue la que le explicó sobre la menstruación.

“Cuando me bajó la regla yo me asusté, me metí al baño y me echaba y me echaba agua. Mi hermana al ver que nunca salía del baño, tocó la puerta y tuve que abrirle, ya me explicó qué era y me llevó donde mi mamá, que me dio unos trapitos blancos que antes se usaban para eso”, recuerda Hernández.

Por esos trapitos blancos fue que a los 10 años Otilia Treminio, de Ciudad Darío, Matagalpa, se dio cuenta que una vez al mes las mujeres tenían algo llamado “menstruación” y que a ella le llegaría en unos años, pero que no debía seguir preguntando. Entonces dejó de interrogar a su madre que estaba en el patio lavando unos trapitos manchados de sangre que luego ondeaban blanquísimos en el tendedero. Así, Otilia, Olga y Francisca tuvieron la primera lección sobre sus cuerpos de mujer. Menstruando.

“No hubo educación sexual, aunque sí nos enseñaban valores morales y religiosos, pero no había información y eso fue muy malo. Ahora los jóvenes tienen mucha información, eso es bueno, pero tampoco hay instrucción”, advierte Esperanza Castrillo, de 86 años. Es madre de cinco, abuela de diez y bisabuela de otros diez niños.

“Lo que yo aprendí del cuerpo y la sexualidad no me lo enseñaron en la escuela ni en la casa. ¿Hablar de sexo? ¡Válgame Dios!”, dice Castrillo, profesora de tres generaciones en La Libertad, Chontales. Aunque sí instruyó a docenas de niñas que como ella no recibieron información en sus casas, admite que no habló sobre sexualidad con ninguno de sus hijos, menos con sus nietos y bisnietos.

Sus anécdotas pueden resultar familiares para varias generaciones de mujeres en Nicaragua a quienes les tocó preguntar o enseñar sobre sexualidad en épocas cuando el cuerpo no solo era territorio desconocido, sino casi prohibido, y hablar de sexualidad era sinónimo de inmoralidad y pecado. Conocer sus cuerpos y aprender de sexualidad en las décadas de los 50, 60, 70, 80 fue particularmente difícil, cuentan. ¿Le han preguntado alguna vez a sus abuelas y bisabuelas cómo aprendieron sobre sexo? Deberían.

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Francisca Amador Ponce, de 79 años, se desmayó cuando tuvo su primera menstruación a los 12 años. “Mi mamá nunca nos dijo nada de nuestros cuerpos, menos de sexualidad, es necesario que los padres conversen esos temas con sus hijos”, dice. En la imagen que encabeza el reportaje, Francisca posa con unas amigas, tendría unos 18 años dice. Foto Oscar Navarrete.

 

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