Las hijas del general olvidado

Reportaje - 25.03.2007
Ángela y Ethelvina Estrada

Junto con el General Augusto C. Sandino también mataron al general Francisco Estrada, jefe de su Estado Mayor, aquel febrero de 1934. Y si para la gran mayoría de los nicaragüenses el personaje a homenajear en cada aniversario es Sandino, no lo es para dos ancianas que habitan en el barrio Largaespada. Ellas son las hijas del general Francisco Estrada

Octavio Enríquez
Fotos de Julio Molina

Le decía “mi nena”. Las pocas veces que el general Francisco Estrada entró en aquella casa, con sombrero y una bandolera de tiros en el pecho, llamaba “nena” a su hija Angela.

A los ocho años ella no podía comprender que estuviera vivo. Su mamá le había insistido que su padre murió y se acostumbró a callar cuando en el colegio sus compañeros le preguntaban quién era su papá y quién su mamá.

—Tu papá se murió en la guerra —le explicó un día su madre, Rosa Amelitina Armas.

—¿Y qué es la guerra, mamá? —preguntó la niña.

—Un lugar adonde se matan los hombres hija, no sé —respondía atribulada.

Y la verdad es que Estrada no había muerto. Cuando el periódico La Noticia anunció la llegada de Sandino a Managua, en los años treinta, uno de los que venía más cerca del General era su jefe de Estado Mayor, el hombre aquel de seis pies de estatura, enamorado del fútbol y los gallos, a quien Ángela no acababa de conocer y daba por muerto: su padre.

Venía como uno de los líderes del grupo que encabezaba Sandino, que dirigió una guerra a finales de los años de 1920 contra el intervencionismo norteamericano, presente en el país desde 1912.

 

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