Las mil caras del humor

Reportaje - 24.09.2006
Hulozos-de-Guillen

Los tiempos cambian: el humor no es solo aquella humildísima imagen de trazos blancos y negros que hablan por medio de una nube llena de garabatos y que todo el mundo conocía como caricaturista. Ahora el humor político tiene texturas, colores, sonidos, efectos especiales; ríen, lloran aman y odian. Viven.

José Adán Silva

¿Los han visto por ahí? Ya no son tan sencillos como antes lo fueron Nicasio, Polidecto o Rionsito. Aquellas caricaturas de los años 60, 70 y 80 eran simples trazos de lápiz y pluma sobre papel, en blanco y negro, y hablaban por medio de pequeñas nubes de forma irregular que crecían sobre sus cabezas, dentro de las cuales se escribían casi en garabatos los mensajes.

Ahora ya no. Ahora tienen cuerpos, usan colores, emplean sonidos, aplican efectos especiales; sus personajes se mueven y hablan, cantan, ríen, lloran, aman y odian. Usan las nuevas tecnologías y de las páginas del papel periódico o del micrófono tradicional saltaron a las pantallas de la televisión, a internet, en otros formatos más vivos, en títeres gigantes, en programas computarizados o en imágenes distorsionadas que cambian de forma para perseguir un fondo: hacer reír a la gente.

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Una vez el expresidente Daniel Ortega aparece en cartelera de cine como el joven mago Harry Potter y otra vez el exmandatario y socio político, Arnoldo Alemán, aparece en traje de baño en una piscina de aguas de colores misteriosamente oscuros.

Acá Sandino llora al ver la desgracia de su pueblo en manos del partido sandinista y allá el mafioso Al Capone llega a rendirle el sombrero al ex director general de Ingresos, Byron Jerez, a quien llega a llamarlo “maestro”.

 

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