Las ninfas de Carlos Martínez Rivas

Reportaje - 10.11.2013
Foto de Germán Miranda, Archivo IHNCA.

Carlos Martínez Rivas fue genio, ermitaño y alcohólico. Pero también fue amante. Y entre muchas mujeres fue una dama y una “cortesana” quienes lo mantuvieron preso de sus pasiones durante años

Por Tammy Zoad Mendoza M. 

Una, sentada en la mesa brindando con él. La otra, con las mejores ropas desfilaba en su cabeza. Luego la primera, desnuda, tendida en la cama junto a él. Más tarde, la otra, se aparecía sonriente desde algún rincón de su memoria. Con una estuvo muchas veces, de muchas maneras. De la otra no obtuvo más que la inspiración para escribir poemas de amor y notas nostálgicas sin hacer referencia siquiera a algún encuentro en términos de amistad. Carolina Mallorquín. Nena Barberena.

De todas las mujeres que el poeta conoció, de todas las damas de sociedad que pretendió, hubo una que nunca le correspondió, pero a quien él mantuvo fiel sus deseos y sentimientos. Nena Barberena, la joven chinandegana que conoció siendo aún adolescente.

En medio de las muchas pasiones que vivió, en el ir y venir de amantes y prostitutas en su alcoba, hubo una mujer que se quedó dentro de él mucho tiempo después de haberlo abandonado. Carolina Mallorquín, aquella granadina coqueta que se pavoneaba en los bares que él frecuentaba.

Poemas, cartas, notas y anotaciones en su diario. Testimonios, historias y rumores. Entre líneas de escritos publicados, inéditos y privados, y conversaciones con amigos, poetas o conocidos de Carlos Martínez Rivas se descifra al hombre de amar libre y al prisionero de sus pasiones. Porque desde antes de ser genio y de encerrarse en su botella, Carlos Martínez Rivas vivió y padeció sus amores y deseos.

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