A lomo de la Bestia

Reportaje - 12.02.2017
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Avanza rápido y ellos corren a montarla. Tirarse y subir. Caer y subir. Ser tirados y subir. Una y otra vez.
La Bestia le dicen, pero no es una, sino muchas que serpentean por México llevando en su lomo cientos de miles de inmigrantes centroamericanos que buscan llegar a Estados Unidos. Trenes de carga que los devoran en el camino

Tammy Zoad Mendoza M.

Aquí la noche parece más espesa. El calor del día desaparece y el frío envuelve todo con el silbido de la brisa. Apenas se ven un par de luces en la oscurana, luminarias públicas en el centro del pueblo, a varias cuadras de aquí.
“¡Ahí viene, ahí viene, ahí viene!”, se escuchan los gritos. Nadie ve nada, pero se escucha un ruido, cada vez más fuerte, como un bufido. “¡Es La Bestia! ¡Ahí viene! ¡Corré!”.

A lo lejos se divisa una luz intensa en medio de la nada. Se acerca cada vez más rápido y hace vibrar el suelo. La luz parece el ojo gigante de un animal que se acerca furioso. El bufido se convierte en rugido, en un estruendo que se prolonga mientras La Bestia va pasando.

De día podría ser un gusano lento y cansado que avanza entre montañas, pero de noche se convierte en una enorme serpiente cíclope que se abre paso entre bosques y llanuras. Resopla anunciando su llegada. Alta, veloz y larguísima. Furiosa sacude su coraza y parece indomable.

La montan sin más. Corriendo tras ella, estirando los brazos para alcanzar lo que sea de dónde puedan sostenerse e impulsarse para subir. Caen en el intento y ella los jala, les quita una mano, una pierna, la cabeza. Los tritura. A veces los escupe. Desde arriba unos ven la tragedia de los que no lograron domarla, y desde abajo otros corren y siguen luchando por subir.

El Instituto Nacional de Migración (INM) de México calcula que anualmente 150 mil inmigrantes intentan cruzar este país usando trenes de carga, más del 90 por ciento centroamericanos. Las cifras se disparan en cálculos de organizaciones humanitarias.

Solo en el período de 2012-2014 el INM y el Comité Internacional de la Cruz Roja en México reportó 697 casos de personas secuestradas y 476 mutiladas por La Bestia. Pero el saldo negro de mutilados, desaparecidos y muertos que quedan perdidos en el camino podría duplicar o triplicar esos números, según organizaciones de derechos humanos.

La Bestia es el nombre que le dan a los trenes de carga que no paran, que aumentan la velocidad, que trituran al que cae. Pero también son los chacales que los atacan en el camino; delincuentes, violadores, secuestradores, asesinos, autoridades corruptas. La Bestia dicen otros, es también el camino brutal por el que pasan, el sol inclemente, el frío que los consume, el hambre que los devora y el sueño que los vence. El miedo y el valor para seguir son también bestiales.

La Bestia es un ser mitológico de la cultura migrante, cuentan que hay que enfrentar monstruos que se multiplican por caminos tortuosos con la esperanza que al final encontrarán su recompensa en el lugar que tanto añoran. Así la ven quienes la montaron y vivieron para contarlo.

Dimas Figueroa, migrante nicaragüense mutilado por La Bestia en diciembre de 2016.
Dimas Figueroa, inmigrante nicaragüense mutilado por La Bestia en diciembre de 2016.

 “Ahora es más difícil ir en el tren, hay mucha gente de Migración siguiéndolo a uno. Va uno nervioso, cansado, con hambre y no te podés dormir. Yo por eso me caí. Todavía no sé si me desmayé o me dormí”.
Dimas Figueroa, 40 años.

 

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