Los cuatrillizos de Jinotega

Reportaje - 12.03.2017
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Rosa quedó embarazada, no de uno ni dos, sino de cuatro bebés. El embarazo fue producto de una violación. Trece años después la familia Laguna Obregón es conocida en Jinotega por sus cuatrillizos

Tammy Zoad Mendoza M.

Primero nació Ruth, luego Jorbin y cuando Rosa estuvo afuera y los médicos iban a extraer la placenta, se llevaron una sorpresa. Una cuarta bebé estaba ahí, a punto de salirse con todo y la bolsa. Era Ana Fabiola.

El 13 de enero de 2004 a las ocho de la mañana nacieron uno tras otro, a través de una cesárea, los cuatrillizos de Rosa Laguna Obregón, de 34 años, madre soltera de otros cuatros niños. Hasta entonces su madre y los médicos creían que se trataba de un embarazo de trillizos, pero fueron cuatro los bebés que compartieron por siete meses el vientre de Rosa.

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La noticia no pasó desapercibida en este pueblo chico que es Nicaragua y los periódicos gritaban desde sus páginas: “Nacen cuatrillizos en el Bertha Calderón”, “Nacen cuatrillizos fruto de una violación”, “Cuatrillizos a punto de abandonar el hospital” o “Cuatrillizos de alta”. El hecho llamó más la atención cuando se supo que no solo se trataba de un embarazo múltiple, sino que la madre había denunciado, ante las autoridades de Jinotega y públicamente, que ese embarazo era el resultado de la violación que sufrió de parte de un desconocido.

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El drama de Rosa despertó la ternura y la solidaridad popular. La entonces primera dama de la República, Lila T. Abaunza, le prometió ayuda con provisiones, insumos para los bebés y una casa. Rosa y sus cuatro hijos mayores vivían donde su mamá, en la comunidad Aventina, a dos kilómetros del casco urbano de Jinotega. Comenzaron a llegar regalos de todo tipo que la gente por su voluntad llevaba hasta el hospital: pañales desechables, pachas, ropita de bebé, una cuna, leche en polvo. Además de una casita en el barrio Villa Valencia, recibieron las provisiones prometidas durante nueve meses y dos coches dobles que le regaló Víctor Rosales, el Santa Claus Nica.

“Todos los niños nacen con el pan bajo el brazo”, le decía doña Gregoria Obregón, la abuela, cuando veía llegar los regalos que calmaban en parte la angustiosa pregunta que todos los días se hacía Rosa: ¿Cómo voy a mantener yo sola a estos cuatro y los otros cuatro hijos más que tengo?”.

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Efectivamente, cuando el polvo se aplacó y la noticia fue quedando en el olvido, empezaron a llegar los problemas que tanto temía Rosa. El pan desapareció del brazo de los niños recién nacidos y parecía haberse acabado hasta la harina. Los vestían con tiras, desmenuzaban un plato para darle a los cuatro y cuando no había leche su mamá intentaba calmarles el llanto con agua azucarada. De la algarabía que despertó la noticia se pasó a los titulares lastimeros: “Olvidados. Cuatrillizos de Jinotega se quedan sin alimentos”. “Cuatrillizos cumplen un año”. Poco después dejaron incluso de ser noticia y desde entonces Rosa y su madre se han hecho cargo solas de los cuatrillizos y el resto de hermanos.

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