Los escoltas de la revolución

Perfil, Reportaje - 18.05.2008
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Vivieron tiempos violentos. Conspiraciones. Asesinatos. La guerra. A la par de los nueve comandantes trabajó un grupo de oficiales que se convirtió en la sombra de estos personajes y en sus confidentes.
Un nuevo libro revela detalles del trabajo de estos centinelas y de cómo operaba la llamada Seguridad del Estado.

Octavio Enríquez
Fotos de Orlando Valenzuela/Carlos Laguna

En un principio el caos reinó y luego vino el orden. Después del triunfo de la revolución sandinista en 1979, con un país nuevo prácticamente, el departamento de seguridad del Gobierno era un monstruo de mil cabezas que formó pieza a pieza la Inteligencia cubana para hacer una especie de alter ego.

Las diferencias entre La Habana y Managua no deberían de ser muchas, al menos desde ese punto de vista. Con el tiempo, en esa estructura participaría una legión de espías expertos en conspirar y desinformar bajo el mando de un joven moreno, recio, pelo liso, originario de León y ahijado del jefe de la antigua oficina de seguridad somocista, cuyo nombre además sería temido: Lenín Cerna.

Pero la imagen que yo tenía del espía perfecto no era precisamente la de un nicaragüense, sino la de un alemán que había podido burlar al Mossad y la CIA desde 1952 hasta 1978. Nunca en más de 25 años, ninguna de estas poderosas agencias había podido conseguir una fotografía de este oficial que empezó a ser llamado con justicia un “hombre sin rostro”.

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Cuando murió Markus Wolf, hace dos años, una foto de agencia lo mostraba en la antigua frontera de Alemania, vestido con un traje gris, una camisa celeste y unos anteojos que le cubrían hasta las cejas; oscuros como los operativos que ordenó desde la jefatura de Inteligencia de la desaparecida República Democrática Alemana (RDA), firme aliada de los sandinistas en el poder, al punto que varios oficiales nicaragüenses fueron a entrenarse allá de modo secreto.

Una de las cabezas de la ramificada Seguridad del Gobierno —que tenía una especie de CIA, llamada División V, operando en el extranjero— fue siempre la oficina de seguridad personal, los oficiales que cuidaban directamente a los comandantes de la revolución y que se convirtieron con el tiempo en sus confidentes y en sus guardianes, en quienes cuidaban a sus hijos; algunos de los que hoy incluso prefieren callar antes de revelar las vivencias de aquellos años de guerra.

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