Los verdugos del boxeo nicaragüense

Reportaje - 11.12.2017
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Parecían invencibles. Uno tras uno iban dejando rivales tendidos en la lona. Eran los grandes campeones. Hasta que apareció ese boxeador particular contra el que no pudieron. Su verdugo. Su némesis.

Por Amalia del Cid

La palabra némesis tiene una connotación eminentemente negativa; para que las cosas vayan quedando más claras: su antónimo es la palabra amigo. Si hurgamos en el pasado, podemos encontrarla en la antigua Grecia, asignada a la diosa Némesis, que en el Olimpo estaba a cargo de la venganza y de la justicia divina. El Guasón es el némesis de Batman y Lex Luthor el de Supermán. Existen némesis en la política, en el arte y en la literatura, por ejemplo. Y también los hay en el boxeo.

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Un némesis es, entonces, un opuesto o un enemigo. A veces un villano. Y en el pugilismo es un rival, pero no un rival cualquiera, sino uno que aparece cuando su contrincante está en la cima y logra lo que nadie más había logrado.

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Aaron Pryor fue el némesis del gran Alexis Argüello y no hace mucho Román “Chocolatito” González encontró al suyo en el tailandés Srisaket Sor Rungvisai. En el caso de Ricardo Mayorga, afirman los que saben del tema, perdió tantas veces que es difícil establecer quién entre todos esos verdugos podría ser su verdadero némesis; sin embargo, los expertos están de acuerdo con que El Matador fue el de Vernon Forrest. Y si hablamos de Rosendo Álvarez, el tercer nica en coronarse campeón mundial, podemos decir que claramente fue el dolor de cabeza del mexicano Ricardo “Finito” López, a quien metió en serios problemas en dos peleas; aunque ahora Rosendo admite que esos no fueron sus combates más duros.

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Como en las tragedias griegas, en el pugilismo deben darse las circunstancias para que surja un nuevo némesis y caiga el héroe de la historia. Entran en juego el estilo de pelea, la curva de la edad, el exceso de confianza, la falta de motivación de quien ya logró lo que quería y el hecho de que un campeón mundial de larga trayectoria puede ser fácilmente estudiado por sus rivales, que buscan descubrir sus debilidades y anticiparse a sus movimientos.

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Pryor estudió a Alexis; Rungvisai a Román; Rosendo a Finito. Pero Ricardo Mayorga, contra todos los pronósticos y con un estilo que no podía ser más desordenado, venció por nocaut técnico, en tres asaltos, al mejor libra por libra del momento, el hasta entonces invicto Vernon Forrest.

Misteriosos son los caminos del boxeo y estas no son historias con finales felices, son las historias de los grandes campeones y sus verdugos.

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