Los nicas Fascistas

Reportaje - 12.06.2017
CARec

El fascismo italiano de Benito Mussolini tuvo sus fanáticos en Nicaragua. Querían un solo partido, acabar con las votaciones populares y el caudillo que escogieron para que gobernara con poder militar absoluto era Anastasio Somoza García

Por Tammy Zoad Mendoza M. 

Un joven delgado y narigudo se paró al frente de la multitud congregada ese día 20 de noviembre de 1934 en la plaza Santo Domingo de la vieja Managua. Más de dos mil personas, calculó La Prensa en su cobertura de la actividad. Todos los oradores repetían la frase “el general Anastasio Somoza García” en cada idea que exponían y el narigudo de turno no fue la excepción en los elogios al militar. Quien hablaba era el poeta Luis Alberto Cabrales y esa oratoria encendida servía como una especie de eco en Nicaragua al fascismo que se expandía vigoroso desde Italia de la mano de Benito Mussolini.

Los fascistas nicaragüenses encontraron en Somoza García el Mussolini que buscaban. Por ello no es extraño que aquel grupo de la vieja Plaza Santo Domingo se llamara “Grupo Renovador Intelectual Somocista de León y Chinandega” y estaban en ese mitin en apoyo a Somoza García como líder y candidato a la Presidencia por el liberalismo.

Tras el retiro de las tropas estadounidenses del país en enero de 1933, Anastasio Somoza García fue nombrado jefe de la Guardia Nacional y bajo su cargo ordenó en febrero de 1934 el asesinato del general Augusto C. Sandino, un año después de que su Ejército Defensor de la Soberanía Nacional se considerara victorioso tras seis años de lucha antintervencionista. En un paso más de su carrera política Somoza se instalaba como líder militar de mano dura.

“Es más fácil la conquista del jefe, propuesto por nosotros, que la conquista de las masas propuesta por los políticos democráticos”, decía el grupo Reaccionarios de Granada en un manifiesto público que hicieron circular, citado en el libro Historia de la Guardia Nacional, de Nicolás López Maltez. Estaban convencidos de haber encontrado la solución para instaurar el orden en el país históricamente dividido entre liberales y conservadores, desangrado por conflictos civiles y la reciente guerra contra la ocupación estadounidense liderada por Sandino.

“Apoyamos al Gral. Anastasio Somoza, entre otras razones, para que pueda perpetuarse en el poder”, rezaba el documento publicado en febrero de 1935. “Hemos creído siempre que no le corresponde al pueblo la escogencia de su candidato, ya que deja al elegido continuamente sujeto al elector, sobre todo si la elección es periódica como en el régimen que sufrimos. La única candidatura de que hasta hoy se ha hablado de una manera digna de tomarse en cuenta es la del General Anastasio Somoza, jefe del ejército”. Firmaban la declaración “Los reaccionarios de Granada”, entre los que se encontraban nombres tan connotados como José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra Cardenal, Diego Manuel Chamorro, Octavio Rocha, Armando Castillo, Luis Downing y Joaquín Zabala Urtecho.

Eran nacionalistas, jóvenes decepcionados con la política tradicional e idealistas, dice el periodista Luis Sánchez Sancho. Que estaban marcados por el contexto geopolítico, el fascismo italiano y el nacionalismo nazi, advierte Bayardo Cuadra, historiador. Pero para Nicolás López Maltez, periodista e historiador, fue también producto del “esnobismo”, las modas burguesas y una característica propia de la política nicaragüense: “El político nicaragüense nunca es real ni verdadero. Ni es verdaderamente católico, ni evangélico, ni liberal, ni conservador. El mismo Somoza tuvo ideas comunistas, luego fascistas y al final fue el ahijado del capitalismo norteamericano”.

En este capítulo de la historia el grupo intelectual de la época, jóvenes, poetas y periodistas, se había declarado somocista. Años más tarde, uno a uno guardaría silencio, se avergonzaría o renegaría de aquellos años en los que vieron en Somoza al líder perpetuo de una nación en la que idealizaron un fascismo criollo.

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