Los Raudez: estirpe de pícheres

Reportaje - 13.11.2017
Los Raudez

Los Raudez, de Granada, son la familia de lanzadores más famosa del país. Pícheres que se han superado a lo largo de tres generaciones en el beisbol nicaragüense y confían en tener uno de su estirpe en Grandes Ligas

Por Julián Navarrete

Caminando sobre la pista, frente a un viejo edificio gris con manchas oscuras tatuadas por el humo, Luciano, un señor enjuto, sin los dientes superiores, empuja una carreta con calaches viejos: pedazos de abanicos, pararrayos, antenas metálicas y un perro color café que continúa ladrando.

—¿Conoce la casa de los Raudez?

—Claro, siga derecho, a mano izquierda, por ahí pregunte. Los chavalos le van a responder —dice.

Seis cuadras después, unos muchachos sin camisa, bañados en sudor, se apartan para dar paso a los vehículos. Juegan futbol, pero en este momento están descansando mientras acomodan las piedras, que sirven de señal para poner los límites de la cancha.

—Doble a la derecha. A mano izquierda va a mirar una casa alta. Ahí viven ellos —dice uno de los muchachos.

El primero que se mira es Julio César Raudez, un hombre de 42 años, de seis pies y dos pulgadas de estatura. Parece que ha aumentado un poco de peso desde que se retiró, pero su figura aún prueba que fue un atleta de respeto. Le sobresale la larga nariz, cuyo ángulo de perfil se convirtió en una de las imágenes más famosas del beisbol nacional cuando lo enfocaban las cámaras.

A lo largo de su carrera Julio César tiró desde todos los ángulos posibles: por debajo del brazo, por encima y a 45 grados. Cuando tenía corredores en las almohadillas, solo se le podía ver de perfil, con los dos primeros botones de la jersey abiertos, cuya costumbre le produjo problemas con los árbitros, quienes le exigían que se abotonara la camisa a cada momento.

Hoy, Julio César viste una larga camiseta azul, bluyín y zapatos deportivos.

—¡Julio, vení! Que nos van a entrevistar —le grita Julio César a su hijo, Julio César Raudez Rodríguez.

El “Junior” es un muchacho de 20 años de edad, más alto que el papá, delgado, pelo crespo, con algunas espinillas en las mejillas. Este año “Junior” fue firmado por los Cerveceros de Milwaukee, pero fue descartado después de no superar el chequeo médico en un campamento en República Dominicana.

—Ya viene Roniel —se escucha, de pronto, una voz adentro de la casa.

Afuera se parquea una camioneta doble cabina con un rap sonando. Roniel está al volante. Lleva puesto un short, una camiseta blanca y unos tenis altos. Para Nicaragua, este muchacho, de apenas 19 años de edad, es uno de los prospectos más cercanos para llegar a Grandes Ligas y convertirse en estrella. Pero para esta familia granadina, este joven de largos rulos es simplemente el último gran lanzador de una estirpe de hombres que se han superado durante tres generaciones, dejando huella en una loma de lanzar y arrancado aplausos en las tribunas donde se grita: ¡Play Ball!

 

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