Los últimos 39 guardias de Somoza

Reportaje - 11.05.2018
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Fueron los últimos guardias en salir en libertad. Soldados y oficiales marcados en una lista especial, que purgaban las máximas condenas en las cárceles sandinistas acusados de crímenes atroces o de estar involucrados en las muertes de las grandes figuras del Frente Sandinista.

Por Eduardo Cruz

Para la historia, el fin de la Guardia Nacional somocista fue el 19 de julio de 1979, cuando el coronel Fulgencio Largaespada, el último jefe de ese cuerpo castrense, la rindió ante los sandinistas. Anastasio Somoza Debayle, el verdadero jefe, había huido del país dos días antes.

Sin embargo, para 39 hombres que estuvieron relacionados de diferentes maneras con la Guardia Nacional, y también para sus familias, el fin realmente llegaría hasta casi 11 años después, el 9 de febrero de 1990, un viernes, a pocos días de la derrota electoral de los sandinistas ante la Unión Nacional Opositora (UNO), encabezada por Violeta Barrios de Chamorro. Ese día salieron de las cárceles sandinistas, tras estar condenados a 30 años de prisión por los tribunales especiales del sandinismo.

Poco menos de un año antes, en marzo de 1989, obligados por la guerra de los contras, la presión internacional, la crisis económica y por acuerdos de paz que se firmaron en esos días, los sandinistas decretaron un indulto que vaciaría las cárceles de reos calificados como somocistas. Pero, sorpresivamente, a última hora excluyeron de los beneficios de esa amnistía a 39 exguardias, a quienes calificaron como “criminales”, de “peligrosa conducta” y que ya no podían ser “reeducados” por la revolución. El entonces diputado Carlos Tünnermann Bernheim explicó que la comisión encargada de elaborar el indulto revisó caso por caso y descubrieron que, en el caso de los 39 exguardias, había algunos que cometieron crímenes atroces y decidieron excluirlos de la absolución.

Entre esos 39 estaban exguardias a quienes los sandinistas habían vinculado con las muertes de Carlos Fonseca —fundador del Frente Sandinista (FSLN)—, el niño Luis Alfonso Velásquez Flores, Pedro Aráuz Palacios, Manuel Olivares Rodríguez, José Benito Escobar y otros destacados guerrilleros sandinistas. También de haber participado en el asesinato de estudiantes y campesinos. De uno de los reos se dijo que había ordenado tirar campesinos desde helicópteros. A otros los señalaron de “orejas” de la Oficina de Seguridad Nacional (OSN), es decir, que delataban a personas vinculadas con el FSLN que luego aparecían muertas.

Fue un año más de cárcel, pero, como dice el exteniente GN Sergio Caldera Avilés —uno de los 39 que los sandinistas no querían liberar fácilmente—, “un año más de cárcel es un año más de cárcel”.

Parte de los 39 exguardias nacionales que quedaron en las cárceles sandinistas hasta febrero de 1990. Aquí están en La Modelo. FOTO/ CORTESÍA/ NICOLÁS LÓPEZ MALTEZ

Los flagelos de ese año más de cárcel se reflejaban en otro de esos 39, el excoronel Silvio Mayorga Castillo, considerado como un intelectual dentro de la Guardia Nacional. Se había graduado como ingeniero en la Escuela Militar de España e incluso había sido compañero de clases del rey Juan Carlos. En una imagen publicada por el diario La Estrella de Nicaragua, que se imprime en Miami, se observa al excoronel Mayorga en dos momentos, uno cuando aún era guardia, con un rostro fresco, con bigotes que le cubren horizontalmente todo el rostro, con cabello abundante, y el otro cuando ya la mayoría de los exguardias habían sido excarcelados y solo quedaban los 39 enjaulados. Tiene un rostro demacrado y destrozado por los años en prisión.

Y así más o menos estaban el resto, con problemas de salud. Algunos de ellos estaban quedando ciegos, como Luis Alberto Abea Pérez, Álvaro Alberto Niño Paiz, Hernán Ramírez Sánchez. Otros tenían problemas renales, como Enrique Munguía. Y otros presentaban enfermedades variadas desde artritis, parálisis facial, hasta problemas psíquicos y afectaciones cardíacas.

Lo que sigue es la historia de cómo estos 39 hombres llegaron a ser los últimos miembros de la Guardia Nacional que hasta inicios de 1990 aún pagaban el servicio que durante casi 40 años esa institución le brindó a la familia Somoza.

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