Lula da Silva, la conexión brasileña con Nicaragua

Reportaje - 28.06.2009
Lula da Silva

¿Quién es Luiz Inácio “Lula” da Silva y cuál ha sido su relación con Nicaragua?

Luis E. Duarte

En enero de 1980 la ex guerrillera Mónica Baltodano fue a Brasil invitada por los movimientos cristianos. Iba a dar testimonios de su papel en la lucha armada desde los grupos juveniles católicos de Nicaragua y con la expectativa de conocer a Frei Betto, uno de los exponentes más importantes de la Teología de la liberación.

Betto llevó a la guerrillera al sindicato de los metalúrgicos, tenía que presentarle a alguien muy importante en el Brasil de esos años. Baltonado descubrió que el edificio de los obreros era más grande que la casa de gobierno en Managua, agrupaba a miles de afiliados y era el más fuerte movimiento de trabajadores en una industria de gran desarrollo y en la segunda ciudad más grande de América Latina, después de México.

Ahí estaba Luiz Inácio da Silva “Lula”. Salvo por el pelo sin canas, el mismo que conocemos hoy. Desde el primer momento le pareció una persona encantadora. “Es un hombre carismático, lo conocés y te gusta, es una persona muy afable, tiene don de gente”, revela Baltonado 29 años después del encuentro.

Cuando Lula supo que la guerrillera estaba embarazada, la invitó a su casa porque su esposa Marisa también esperaba un bebé. Vivían en una casita humilde en un barrio obrero, a la que estaban haciendo pequeñas reparaciones.

Faltaban algunos meses para el primer aniversario de la revolución y continuaron escribiéndose cartas, mientras Baltodano proponía al Comité de Celebración del 19 de Julio que invitaran al sindicalista que había liderado las huelgas más importantes de los años setenta, tan fuertes que debilitaron al gobierno militar brasileño. “A pesar de su trayectoria no los pude convencer que debían invitarlo con gastos pagados”, revela Baltodano, pero aún tenía dinero de “un recupere” de la insurrección, “una bolsa que nos habían dado para la Secretaría de Masas” que dirigía la ex guerrillera.

Tomó tres mil dólares y pagó los pasajes de Lula y Frei Betto, quienes visitaron el país en julio con dos periodistas.

El teólogo desde entonces continuó viniendo una o dos veces al año para dar talleres a los movimientos cristianos en Nicaragua, y Lula cada vez que venía fortalecía su propia red internacional con los movimientos de izquierda.

“Aprovechamos para que conociera el país: Niquinohomo, los lugares de los principales enfrentamientos de la insurrección. En Granada conoció La Pólvora, comimos en lugares sencillos, la comidería donde nos fotografiamos creo que se llama Sacuanjoche”, recuerda Baltodano.

El Comité de Celebración apoyó en el alojamiento en el Hotel Intercontinental. Lula sólo era un internacionalista obeso, barbón, de camisetas y jeans, uno de esos tantos que venían y pasaban inadvertidos.

Durante la celebración del 19 de Julio de 1980, Fidel Castro acaparó la atención de las celebraciones, Lula ni siquiera estuvo en primera fila, honor que tuvieron el cubano Manuel Piñeiro “Barba Roja” y el salvadoreño Shafik Handal, del Farabundo Martí.

“Fidel sabía quiénes eran Betto y Lula, tiene grandes fuentes de información y el sindicalista era uno de los más conocidos del momento”, sostiene Baltodano. Por eso, cuando los llevó a la casa de Sergio Ramírez en Los Robles, donde habían organizado una recepción, Lula pudo tener una conversación amplia con el dirigente cubano.

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Esta es una de las razones por las que el primer presidente brasileño visitaría el país en el 2007. Era Lula con una barba canosa que sentía “una emoción diferente” al volver con la banda presidencial. Casi tres décadas después evocó aquella pri-mera visita donde conoció a Castro pero no a Yasir Arafat que no pudo llegar.

En Brasil acababan de organizar el Partido de los Trabajadores (PT) ese mismo año y Lula tenía dudas de dedicarse a un partido político, en lugar del sindicalismo. “Tengo convicción por las conversaciones posteriores con ambos (Betto y Da Silva) que Fidel influyó en buscar ganarle el poder a la derecha por la vía electoral”, sostiene la ex guerrillera.

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En enero de 1989 Daniel Ortega recibió a Lula da Silva, candidato por el PT a la Presidencia de Brasil por primera vez y liderando las encuestas. Magazine/La Prensa/IHNCA/Aleyda Flores

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Si hay un sueño americano, debe estar en Brasil. Luiz Inácio da Silva nació el 27 de octubre de 1945 en el pueblo de Caetés, con una población actual de cinco mil habitantes, es el penúltimo de ocho hermanos; hijo de padres campesinos que migraron a Sao Paulo cuando tenía 11 años.

En la ciudad aprendió a leer y escribir, tuvo su primer trabajo como lustrador, fue ayudante de tintorería y de ahí saltó a las metalúrgicas con jornadas de 12 horas cuando tenía 14 años.

Su mayor logro escolar fue un curso de torno mecánico en la industria que culminó en 1963 y sólo entró en la vida sindical cuando su hermano Frei Chico, simpatizante del Partido Comunista, fue encarcelado y torturado por los militares.

A los 22 años perdió durante el parto a su primera esposa María Lourdes, una operadora textil. El bebé también falleció. Su hijo mayor lo tuvo con una enfermera, pero se casó con Marisa, una joven viuda y madre, que le tuvo tres hijos y ahora es la Primera Dama de Brasil.

En febrero de 1980 con intelectuales, teólogos de la liberación y sindicalistas fundó el PT y en abril, pocos meses antes de venir a Nicaragua, Lula organizó una huelga de 41 días en la industria en la que participaron 270 mil trabajadores paulistas y por la que estuvo un mes preso.

Son de sobra conocidas sus tres derrotas electorales, pero pocos conocen que para la primera nominación en 1989 tuvo que registrar oficialmente su apodo “Lula”, como habitualmente llaman a los Luiz en Brasil, pues está prohibido que los candidatos usen sobrenombres.

El primero de enero del 2003, cuando asume como Presidente mencionó en su discurso de apertura: “Y yo, que durante tantas veces fui acusado de no tener un título universitario, consigo mi primer diploma, el título de Presidente de la República de mí país”.

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Como candidato presidencial, Lula recibió atención de la Dirección Nacional del FSLN, aquí con Bayardo Arce en enero de 1989. Magazine/La Prensa/IHNCA

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Siendo uno de los presidentes de una de las diez economías más grandes del mundo y uno de los 20 hombres más influyentes del planeta, según la revista Newsweek, Lula es un hombre que acarrea adjetivos positivos. “Simpático, tranquilo, sencillo, afable”, sostiene Mónica Baltodano.

Irving Larios, presidente de la Federación de Organismos no Gubernamentales en Nicaragua (FONG), antes de su ruptura con el FSLN tuvo varias ocasiones para hablar con Lula, en su visita de 1988, para el aniversario de la revolución y durante el Foro de Sao Paulo convocado por el PT en 1990.

Después de la caída del bloque comunista en Europa del Este y la primera derrota de Lula en 1989 semanas después de la caída del Muro de Berlín, sumada a la derrota de Cuauhtémoc Cárdenas en México en 1988 y el fracaso de la izquierda coronada con la derrota sandinista en febrero de 1990, el Foro de Sao Paulo sirvió mucho para que la izquierda tomara el poder en Latinoamérica por la vía democrática.

Sin embargo, cuando se fundó ninguno de los miembros de la Dirección Nacional del FSLN le prestó interés, tanto que Larios fue el delegado por Nicaragua cuando figuras como Shafik Handal del FMLN, el mismo Cárdenas, Lula e incluso Fidel Castro lo apoyaron desde el principio, sostiene Larios.

“Lula para la dirección del Frente ha tenido sospecha ideológica, es de izquierda pero democrática”, explica. El dirigente brasileño se movió en el área partidaria y aún cuando sus principales contactos Como candidato presidencial, Lula recibió atención de la Dirección Nacional del FSLN, aquí con Bayardo Arce enrompieron con el orteguismo mantuvo su relación con las estructuras orgánicas del FSLN y cuando tomó el poder como Presidente quedó bajo la agenda oficial del Gobierno.

Lula admira aún a la revolución que estuvo en el centro de atención mundial y aquí se proyectó bastante al ver la posibilidad de una revolución democrática, agrega Larios.

“En Nicaragua tenía bajo perfil pero a nivel internacional cierta proyección. Si conocieras a Lula verías a un tipo modesto, humilde, no es un tipo visible. Es bajo, gordito, es un tipo folclórico, si te conoce te jinca las costillas, es fraterno. No ha cambiado, es el mismo. A mí no me jinca las costillas, pero en Cuba cuando salíamos antes de las reuniones, te daba en la espalda, te soba, es una persona humana, no es un político como conocemos tradicionalmente. Es más, siempre anduvo sin escolta”.

Según Larios, Marco Aurelio García es su mejor amigo, un académico y profesor universitario que se convirtió en asesor de los sindicatos metalúrgicos. “Siempre lo vas a ver a la par de Lula en todos los eventos internacionales”.

La última vez que caminaron en las calles de La Habana “Lula me expresó que lo iba a ver en Brasil en otras condiciones, siendo Presidente y lo vi. Larios expresa: “Si alguien se empecina en alcanzar un objetivo lo logra, aún siendo obrero”.

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Generalmente lo recibía Bayardo Arce o el canciller Miguel D’Escoto que era muy amigo de su asesor Marco Aurelio García; también Henry Ruiz como uno de los dirigentes de entonces (en los 80), pero no era uno de los preferidos de Daniel (Ortega), pocas veces hablaron, más que todo en situaciones formales, sostiene Larios.

En el Aeropuerto Augusto C. Sandino, en el 2007, Lula celebró a Ortega. Era importante después de la tensión que generó el rechazo de la producción de etanol en Nicaragua, política energética apoyada por Brasil. Era el momento del giro total hacia el petróleo de Hugo Chávez.

Lula diría en aquella visita oficial que “desde 1980 nos encontramos decenas de veces… Juntos, Daniel y yo, fuera del Gobierno, nos encontramos con Mandela, con Arafat y con Gaddafi; juntos, nos encontramos con tantos otros líderes de América Latina y el mundo”.

Ortega por su parte evocaría su primer encuentro: “Tuve el privilegio de encontrarme con Lula en febrero del 80, cuando estuvimos en Brasil, que habían destruido las instalaciones de la Universidad Católica; había concluido la huelga. Prácticamente andaban medio clandestinos, en ese entonces… ¡cómo se acuerda Lula!”.

“Todos conocemos lo que ha sido la relación del pueblo brasileño y de Lula, en particular, con el pueblo nicaragüense. Siempre presente en diferentes eventos que se realizaban en nuestro país, durante todos estos años”, mencionó Ortega.

Larios recuerda que en Managua se quedaba en los hoteles que había en la época, pero por lo general aceptaban la invitación de quedarse en casa de algún conocido y venía gustosamente a los aniversarios. “Tiene un cariño o admiración especial por Nicaragua y el Frente, no tanto por Ortega, sino por la trayectoria de la organización”.

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En una ocasión en el Hotel Las Mercedes, Larios le pidió a Lula entrar a un evento que presidíaTomás Borge. El político brasileño los sentó en el plenario donde junto a dos compañeros pudo repartir papeletas de protesta contra la dirigencia del partido, antes de la rup-tura que formaría el Movimiento Renovador Sandinista.

“Es un tipo con una visión amplia, viene de un partido que fue construido con corrientes que se respetaron. Aquí los partidos son absolutistas, de líder único. No toleran otro pensamiento, como el Frente y el PLC, pero el PT es un partido de ocho o diez corrientes”, dice Larios.

—¿Cómo reacciona Lula cuando perdieron en 1990? –preguntamos a Mónica Baltodano.

—Fue de las personas que sintió mucho eso. Creo que venía de su primera derrota y sintió profundamente este revés, posteriormente se involucró en el foro, donde se encontró con Ortega, estuvo en 1998 y tuvimos una conversación con él. Diría que compartía parte de nuestras críticas, la importancia de la democratización interna, pero ya comenzábamos a ser vistos como disidentes, obviamente sus relaciones oficiales eran con la estructura orgánica oficial.

—Es una relación de casi 30 años y ahora que es Presidente parece que no se aprovecha.

—Hay dos momentos. Antes y después que Ortega llegara al Gobierno, antes las relaciones no eran estrechas, nunca lo fueron. Después de asumir (en el 2006) se alineó rápidamente con un discurso y una retórica bien confrontativa que no es la de Lula que se decidió por el camino del pragmatismo, con discurso y práctica coherentes. En cambio, Daniel tiene una retórica antiimperialista, anticapitalista, pero en realidad las políticas son tan neoliberales como las de Lula.

—¿En qué ha cambiado Lula?

—De líder sindical a un verdadero estadista. Creo que ha afirmado que no puede tener la radicalidad del adolescente. Algunos le critican que se ha movido hacia el centro, otros del centro un poco a la derecha.

—¿Fue radical?

—Era representante de las clases explotadas del mundo capitalista. Su radicalidad se ha disminuido. La última vez que Baltodano vio a Lula fue en el (Segundo) Foro Social Mundial en Puerto Alegre del 2002. “Me autografió una camiseta para mi hija, era candidato para la cuarta elección que ganó”.

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Lula perdió su dedo meñique en un accidente laboral. Sin complejos sonríe en un congreso nacional de turismo en el 2005, después de recibir las felicitaciones por su cumpleaños. Magazine/La Prensa/AFP/Antonio Scorza

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Hugo Lorenzetti, encargado de negocios de la Embajada de Brasil en Nicaragua, explica que Lula no sólo fue un líder sindical que reivindicaba derechos laborales, entre 1964 y 1985 hubo siete presidentes elegidos indirectamente bajo una Junta Militar.

“Ustedes también tuvieron su dictadura y su cambio, precisamente en esa época. Es muy natural que muchos líderes de esa revolución en Nicaragua estaban en lo mismo, (Contra) todas las dictaduras patrocinadas por Estados Unidos”, dice el diplomático.

La relación de Lula con Nicaragua ahora es la de un jefe de Estado. Un país que no tiene muchos vínculos con Nicaragua. Lorenzetti explica que “estamos cerca, pero lejos”. Geográficamente es el mismo continente, pero un boleto a Nueva York cuesta mucho menos que ir a una ciudad del norte brasileño.

En la actualidad hay 300 estudiantes de idioma portugués en el Centro Cultural Brasileño de Carretera Sur, más cien estudiantes de las universidades, muchos otros terminaron su curso, pero los productos culturales brasileños que hay son pocos. Hay un gran desconocimiento de Brasil, a pesar de las telenovelas, comenta el diplomático.

Sin embargo, el programa de becas brasileño para Nicaragua es prácticamente ilimitado, algunos países envían hasta 150 estudiantes al año a Brasil, mientras Nicaragua sólo tuvo cinco becarios el año pasado. Lo indispensable es el idioma y un buen proyecto de maestría. Lula firmó hace dos años 12 convenios de cooperación, el primer proyecto es de energía solar. Algo modesto. “El país se ha desarrollado, pero no somos Estados Unidos o Europa, el desconocimiento produce una impresión del país (falsa), es cierto, es el país más estable en la crisis económica, estamos bien, pero hasta ayer éramos como otro país latinoamericano, en cuanto a economía y desarrollo social”, dice Lorenzetti.

—¿Y cómo miran los brasileños a Lula?

—Tiene la aprobación más gran-de que cualquier otro Presidente.

—¿Y usted personalmente?

—Para mí ha sido un héroe. Saqué mi cédula electoral a los 16 años en 1994 para votar por Lula. En abril para la ceremonia de graduación de la Academia Diplomática brasileña, que siempre lo hace el Presidente, ha sido un gran gusto saber que el Presidente que daba el discurso ha sido él.

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Lula en un congreso sandinista en los años 80. Magazine/La Prensa/IHNCA

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