Madres de ayer y de hoy

Reportaje - 30.05.2010
Lidia Frech Basil

Tres familias cuentan a Magazine lo que significa ser madre de generación en generación. De la tatarabuela a la tataranieta en un mundo que cambia cada día

Arlen Cerda

En la familia que ha creado Lidia Frech Basil el amor es sinónimo de entrega y fortaleza. Ella se casó a los 28 años y ha tenido cinco hijos. Cuando se enteró que estaba embarazada por primera vez se sintió “inmensamente feliz”. “Con todos mis hijos me he sentido así de feliz. A todos los amo. Son mi fortaleza y mi orgullo. Además tengo la dicha de poder disfrutar a mis nueve nietos y cinco bisnietos, más otro de ellos que viene en camino”, comparte orgullosa.

El bebé en camino es el segundo hijo de Dalia, la mayor de sus nietas. Ella está en el octavo mes de su embarazo y sabe que tendrá un segundo varón. Años atrás una no lo sabía, sólo esperaba.

Dalia admira la fortaleza de su abuela y de su madre, Amalia Frech de Alemán. Ella considera que lo más valioso es la unidad familiar y eso lo ha aprendido de ambas. Su madre dice que ella nunca le ha negado el habla a un hermano y procura que sus hijos siempre se traten con amor y respeto. “Todos debemos estar unidos pase lo que pase”, asegura.

Amalia Frech da prueba de esa unidad y fortaleza más allá de su familia. A esta familia se han sumado centenares de niños con cáncer que son auxiliados por la fundación que ella inició en memoria de Lidia, su primera hija.

Claudia, su hija menor, es peleatista oncológica y contribuye al trabajo de la Comisión Nacional de Niños con Cáncer (Conanca). Claudia aún no es madre, pero atesora las enseñanzas de su madre y abuela para transmitirlas a su futura familia. Para ella la unidad, la lucha constante, el amor incondicional y la fortaleza son los valores de las madres de esta familia que ella espera continuar.

 

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