Roberto Rivas, el Magistrado de “dolce vita”

Perfil, Reportaje - 25.01.2009
Roberto Rivas, Magazine

Esta es la vida de un personaje que de niño tuvo una vida modesta, fue un estudiante mediocre, y hoy vive en mansiones, viaja en avión privado y contrata chefs franceses

Octavio Enríquez
Fotos de Germán Miranda y Orlando Valenzuela

En residencial Villa Real, en San José, Costa Rica, viven los más ricos de los ricos. Con un clima que se agradece —22 grados centígrados como máximo en enero- se disfruta de abundante vegetación, canchas de tenis, piscinas y una seguridad privada que no permite que nadie, ajeno al condominio, entre allí.

Lo único que se escucha desde la cima es el trinar de los pájaros y la vista es exquisita. Desde la cumbre se puede mirar el mar, dibujado entre montañas, nubes y las brumas de San José en este sitio que un folleto de la administración describe así: “Villa Real puede compararse con las mejores urbanizaciones del mundo, como lo son Beverly Hills, San Francisco, Acapulco y Vancouver, construidas entre montañas rocosas y tierra firme”.

Esa montaña está llena de mansiones cuyo precio en el mercado oscila entre 980 mil y tres millones
de dólares. Y allí, en aquella montaña rocosa inventada para el placer, está la casa de un nicaragüense.

Roberto Rivas Reyes, presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), es uno de los personajes de
quienes más se ha hablado en los últimos meses. Señalado de ser el principal artífice del fraude electoral el año pasado, lleva una vida discreta en el país, aunque no por eso ostentosa como hace en Costa Rica en esta zona flanqueada por negocios, supermercados y donde hasta agencias de Ferraris y Maserati se han instalado a la caza de personajes que puedan pagarse alguno de sus costosos vehículos.

El año pasado el representante de Naciones Unidas para el Desarrollo en Nicaragua, Alfredo Missair, hizo un llamado urgente para que se hiciera algo para que el país no fuera más pobre. En esa condición vive al menos el 47 por ciento de la población de 5.1 millones de habitantes de acuerdo con las estadísticas.

Pero pobres no son todos en Nicaragua y a algunos no les van tan mal con su salario. Rivas gana cinco mil dólares y viaja con frecuencia al exterior. El año pasado se desplazó cinco veces a Costa Rica según una investigación de La Prensa, en la que dijo que se trataba de su vida privada.

No se fue en un avión comercial, sino en uno privado, un lujo que en el país se permiten algunos ricos, pero en el caso de los políticos, sólo él y el Presidente de la República, Daniel Ortega, su amigo.

Rivas, de 55 años, es el hijo mayor de Josefa Reyes Valenzuela, secretaria del cardenal Miguel Obando desde inicios de los setenta cuando repentinamente nombraron al religioso en el cargo de Arzobispo de Managua, un puesto que ejercería durante 35 años continuos y una bendición, cómo se verá, para su amigo.

Antes del fraude electoral, que ha catapultado la figura de Rivas —siempre de saco, rojizo, barbado
y finamente vestido- la historia en el país registraba el mayor robo electoral en 1947, bajo el mando de los Somoza. La influyente revista Economist tituló hace unos meses “cómo robar una elección”, refiriéndose al caso de Nicaragua.

El presidente del Tribunal Electoral en 1947 se llamaba Modesto Salmerón. El padre Federico Argüello recuerda que siempre ese personaje fumándose un habano instó a la gente a votar. “Voten, voten, que luego cuento yo”, decía. Quienes conocen a Rivas aseguran que es más bien tímido. La madrugada del 10 de noviembre de 2008 otorgó al Frente Sandinista 105 alcaldías, incluyendo la de Managua, al partido de Daniel Ortega, lo que no era ya una sorpresa para los liberales con quien Rivas estuvo en un tiempo y de cuya alianza emigró.

 

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