Mercenarios de la EEBI: Máquinas para matar

Reportaje - 18.04.2010
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Los soldados extranjeros Mike Echanis, Charles Sanders y Nguyen Van Nguyen fueron contratados en 1978 para entrenar a las fuerzas especiales de la EEBI, la tropa mejor dotada y más agresiva de la Guardia Nacional. Violentos, temerarios y excéntricos. Querían construir lo que desde su punto de vista era el soldado perfecto: una máquina para matar

Por Dora Luz Romero

El 22 de agosto de 1978, Mike Echanis estaba furioso. Brincaba de cólera. Los que vieron la escena recuerdan que caminaba de un lado a otro arrastrando una pierna porque la guerra de Vietnam lo había dejado cojo. Pataleaba como un niño malcriado. Fue como si de un minuto a otro se hubiera vuelto loco. Echanis, un gringo alto y fornido, de bigote espeso era entrenador de los comandos de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), llamados “los boinas rojas”. Había llegado a Nicaragua de la mano del entonces coronel Anastasio Somoza Portocarrero junto a dos soldados más: el también veterano de Vietnam, Charles Sanders y el vietnamita Nguyen Van Nguyen.

Aunque Somoza Portocarrero reclama que sólo eran “entrenadores” contratados por la Guardia Nacional, para muchos, incluyendo algunos soldados nacionales, eran mercenarios que llegaron a un país donde se libraba una guerra en busca de paga y aventuras.

De su paso por el país, existe una gran cantidad de historias, algunas con ribetes de leyenda. Se dice que eran asesinos profesionales, que llevaron las técnicas militares a un nivel de misticismo propio de las artes marciales orientales y que si bien eran admirados por la soldadesca y por una parte de los oficiales, la mayoría podía describirlos en una sola palabra: insoportables. Precisamente, unos días antes Echanis había sido echado de la EEBI por su mal comportamiento aunque no era ése el motivo de su rabia ese día de agosto del 78.

Como de costumbre, el día comenzó con las prácticas de artillería y explosivos que los comandos de la EEBI realizaban en el sector de Portezuelo. Echanis, a pesar de tener prohibida la entrada a las instalaciones de la EEBI, acudía a los entrenamientos.

Ese día en el camino, los soldados escucharon tiros por el sector del Palacio Nacional. En cuestión de segundos un grupo de los comandos entró al primer piso del edificio, donde un comando sandinista desarrollaba uno de los asaltos más famosos y espectaculares de la guerra que derrocó el régimen de Anastasio Somoza Debayle. En el segundo piso del Palacio Nacional, los guerrilleros Edén Pastora, junto a Dora María Téllez y Hugo Torres, dirigían el pequeño comando que mantenía como rehenes a los diputados y congresistas que se encontraban ahí. Entre ellos habían familiares del entonces presidente Anastasio Somoza Debayle.

“Los quiero en la base dentro de tres minutos”, fue la orden que recibieron los comandos de Anastasio Somoza Portocarrero. “Ésa es función de la policía”, les dijo. Los soldados refunfuñaron, pero al final obedecieron.

Al llegar a la Loma de Tiscapa, los comandos se dieron cuenta de lo que estaba pasando: los sandinistas se habían tomado el Palacio. Eso fue lo que hizo a Echanis reaccionar como un perro rabioso. “Estaba loco. Nunca lo habíamos visto así. Estaba desesperado, echando maldiciones. Decía que el culpable era el general Somoza porque estaba negociando para salvar a su familia que estaba dentro”, recuerda el teniente Pompilio Gadea, oficial de los comandos que venían del entrenamiento.

A Echanis, un hablantín de naturaleza, le costaba quedarse callado. Decía todo lo que pensaba o casi todo. “Éste es el fin de la Guardia”, le dijo a Gadea. Continuó diciendo que era necesario sacar a Somoza Debayle del poder para que los jóvenes tomaran el mando, relata Gadea, quien sostenía una relación de amistad con Echanis.

¿Quiénes eran Mike Echanis, Charles Sanders y Nguyen Van Nguyen? ¿Cómo llegaron a Nicaragua? ¿Qué hicieron el tiempo que permanecieron aquí? Algunos de los protagonistas involucrados cuentan la historia de estos personajes cuyos últimos días estuvieron muy ligados a la Guardia Nacional y a su cuerpo más entrenado: la EEBI.

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