Masacre en Múnich: la conexión nica

Reportaje - 10.04.2017
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En 1972 un grupo terrorista ejecutó a la delegación israelí durante los Juegos Olímpicos de Alemania. En Nicaragua una señora de Moyogalpa reconoció a dos de los terroristas como sus hijos de crianza

Por Julián Navarrete

Eran los mismos rostros que había visto durante poco más de 10 años. Adnan era un muchacho de ojos amarillos, pelo castaño, cejas crespas y pobladas, con la piel morena acanelada. Maruan también tenía los ojos amarillos, pero lucía el pelo liso, las cejas crespas y muy tupidas. María Benita Saballos revisaba las fotos con sus manos y decía:

—¡Son ellos! Mis muchachos. No tengo la menor duda.

Debajo de las fotos, que solo mostraban el rostro de los muchachos, había un subtítulo que decía: “Terroristas árabes”. Eran tres. El otro que no reconoció Saballos —un hombre de pelo liso y bigote deshilachado— se llamaba Abdel Kheir Al Dnavy. Todos pertenecían al grupo terrorista árabe Septiembre Negro, que masacró el 5 de septiembre de 1972 a una delegación de atletas israelíes, mientras se desarrollaban los Juegos Olímpicos en Múnich.

Los tres hombres de las fotos habían sido los únicos sobrevivientes del enfrentamiento que sostuvieron con las fuerzas de seguridad alemana, donde abatieron a seis de sus compañeros terroristas. Tras su captura, la Policía distribuyó las imágenes al resto del mundo.

Muy lejos de Múnich, atravesando el charco, en la comunidad de Moyogalpa, en el sur de Nicaragua, las fotos no pasaron inadvertidas. María Benita Saballos los había criado desde que vinieron a Nicaragua, en 1956, con su padre Fayez Abdalah, con quien ella contrajo matrimonio y tuvo tres hijas.

 

 

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